Quienes utilizan el adjetivo impecable para definir el editorial de 'El País' de hoy deberían cambiarlo por incendiario.
Este acoso y derribo al presidente Zapatero llega tarde y nada soluciona. 'El País' podía haber centrado sus esfuerzos en alentar un Pacto de Estado para aliviar la crisis y reducir el desempleo. Hay que ser constructivos y eso pasa por ser menos militantes de ideas preconcebidas como aquí se lee. Mal ejemplo para el mundo que un periódico exija el derribo de un presidente caído en desgracia. Y peor aún que ponga a este país a los pies de los caballos (depredadores).
El texto para la antología del disparate (por tardío, pesimista, negativo e inoportuno) está linkando aquí:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Final/ciclo/elpepuopi/20110718elpepiopi_1/Tes
Aquí se trata de contar la realidad sin la doble moral que pervierte al periodismo actual.
lunes, 18 de julio de 2011
domingo, 17 de julio de 2011
Periodismo de entrepierna
Mañana, 18 de julio, un juez de Estados Unidos decide si encausa o no a DSK, presunto depredador al que sus amigos influyentes tratan de convertir en un ángel. Menos mal que un Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, conocedor de la cultura de la humillación, ya le ha condenado moralmente.
En el momento de su detención en Nueva York (denunciado por agresión sexual por una camarera de hotel), Dominique era Director Gerente
del Fondo Monetario Internacional (FMI), se postulaba como candidato por los
socialistas a la presidencia de Francia; y un dato nada baladí: su mujer, Anne
Sinclair, es una de las mujeres más ricas de Francia y pertenece al poderoso
lobby judío. La foto del pez gordo con grilletes, cabizbajo y custodiado por
policías norteamericanos en el juzgado dio la vuelta al mundo. Cuando
Dominique Strauss-Khan llegó al juzgado más de un centenar de camareras, en su mayoría
negras, le increparon. Dominique dimitió (o fue obligado a dimitir) como
director del FMI, por eso de la mala reputación. Fue como reconocerse culpable. Un error tan grave necesitaba de una monumental contraofensiva. El objetivo era convertir a la denunciante en un ser mezquino y miserable sin
capacidad para acusar al honorable DSK.
Había que darle la vuelta a la opinión
pública. Convertir al presunto depredador en un ángel. Había que contrarrestar
el peso de la balanza claramente desfavorable a Dominique y favorable a una
chica negra, natural de Guinea. Mes y medio después de su detención otro
Dominique posaba sonriente con su mujer a las puertas del juzgado. Las dudas del caso (presuntas incoherencias
en la declaración de la víctima) lo dejaron en libertad, pero el juez mantiene
los cargos en su contra. La denunciante parecía perder credibilidad por su turbio pasado aireado sin compasión por
los medios de comunicación. Hasta el fiscal acusador era cuestionado y se decía
que retiraría los cargos, lo que no ha sucedido. Pocos medios mantenían la
tesis de que un intento de violación o agresión sexual no deja de serlo porque
la víctima no sea todo lo honorable que la sociedad desea. Al ingenuo de
Dominique le tendieron una trampa escribieron algunos periodistas.
La ofensiva arreció ante la movilización de las mujeres francesas contra
el presunto culpable Dominique Strauss-Khan, y la aparición de otros testimonios
de presuntos abusos en su contra hasta ahora silenciados. La maquinaria se puso
en marcha. ¿Quién mejor que una mujer para defender a DSK? ¿Será perdonado Strauss-Kahn? Nicole Muchnik, pintora y escritora publicada en lugar destacado en
los grandes diarios europeos (en España El País). “Todo lo que parecía cierto se vuelve falso, el culpable lo es menos,
la víctima ha perdido inocencia”. Otro judío, filósofo y enfant terrible del 68, Bernard Henry
Lévy salió al menos un par de veces en defensa de Strauss-Kahn. “Lecciones del
falso Strauss-Kahn”, el titular en El País de su última tribuna no podía ser más claro. Al igual que Nicole Muchnik tres días antes, Lévy denunciaba
el circo mediático montado en Estados Unidos como si esto fuera excusa para
borrar el presunto delito sexual. Menos mal que hoy dejó al desnudo a los cómplices de DSK un valiente Vargas Llosa, que reside en París, en donde el depredador es venerado por la mitad de la población.
sábado, 16 de julio de 2011
Maldita prisa
El accidente
ocurrió sobre las 7.35 horas y, según las primeras informaciones, el usuario
echó a correr por el andén de la estación, dirección fondo, cuando el tren ya
había cerrado las puertas. El pasajero, tropezó, resbaló y chocó contra el tren
ya en movimiento, con la fatalidad de que cayó entre el vagón y el andén. Como
consecuencia del accidente, la línea 1 ha estado parada entre las 7.36 y las 7.42
horas, momento en que se ha restablecido el servicio parcial entre Hospital de
Bellvitge y Espanya, y entre Marina y Fondo.
Poco a poco el
Metro ha ido recuperando el servicio y a las 8.09 se ha normalizado la
frecuencia de paso en todas las estacione
¿Corría por
llegar al trabajo? ¿Corría porque tenía una entrevista para un empleo? ¿Corría
porque tenía un examen? ¿Corría porque tenía una oposición? ¿Corría por ver a
la novia? ¿Corría como un autómata? Seguirá corriendo allí donde esté. Era un
esclavo de la prisa.
martes, 12 de julio de 2011
Más contento que Dios
¿Se puede estar más contento que Dios? Algunos así lo creen y de ahí el éxito de esta expresión popular. Siempre me han gustado las historias de superación y como la que sigue no hay muchas. Les dejo el enlace pues soy un simple intermediario en esta sobredosis de felicidad:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Cavadas/puso/llorar/verse/piernas/elpepusoc/20110712elpepusoc_4/Tes
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Cavadas/puso/llorar/verse/piernas/elpepusoc/20110712elpepusoc_4/Tes
Que no te TIMEN con el terremoto de Japón
A esa gente que se lucra con las grandes desgracias hay que darle un escarmiento proporcional. En los últimos meses la Red es por desgracia un coladero de indeseables. Ayer recibí el mail que detallo abajo (al igual que muchos miles y por eso lo denuncio) que con la excusa de ofrecer empleo en un país con 5 millones de parados propone ayudar a los damnificados de Japón a cambio de un sueldo de hasta 3.200 euros mensuales. Sólo hace falta trabajar un par de horas al día. Claro que en el mail no se dan más detalles para que el incauto pique el anzuelo y escriba.
Este es el texto recibido (con sus buscadas erratas y faltas de ortografía para darle mayor credibilidad) :
Buenas
Jorge de Lorenzo Quintela , Somos un gran banco japonés y le invitamos a
trabajar en el nuevo Departamento de beneficiencia. Su curriculum lo hemos
encontrato en uno de los sitios de trabajo. Preste atención a una posición
interesante con ingreso digno. El terremoto horrible en Japón resultó en la
creación de muchas instituciones de caridad como nuestra. Muchas personas en
todo el mundo quieren participar en los programas de asistenciaa las víctimas.
Si es Usted uno de estas personas, por favor preste atención a nuestra oferta.
La podrá combinar con una ganancia alta. Requisitos - usuario del ordenador
(Internet,Word, Excel, email) - acceso permanente a la Internet - Teléfono móvil
y fijo con disponibilidad permanente - Responsabilidad Responsabilidades
básicas del Operador Bancario - Correspondencia por email - Realización de
pagos corporativos y los de personas particulares que quieren prestar ayuda
guardando anónimos (transferencias de sponsors) - Realización de los pagos a
una organización o a una persona privada, a que se presta la ayuda via varios
sistemas de pago, dependiendo en cada caso de las cantidades a enviar (tales
como Western Union y Money Gram). El horario laboral: De lunes a viernes
durante el día laboral. Cerca de 2-3 horas al día. Su ganancia: Aproximadamente
de 700 a
3200 EUR mensuales. Para obtener una descripción detallada, por favor, conteste
a esta carta.
Esta gente sin escrúpulos debería quedar al descubierto. Como medida inicial propongo bombardear con mensajes masivos el mail de referencia: eliz@indy.net
domingo, 10 de julio de 2011
10 minicuentos de la crisis
Me fumo el último cigarrillo deseando quemarme
los dedos. Estoy tan apagado por dentro que necesito un destello aunque sea de
dolor. Encima de la mesa están apilados los textos del temario. A mi derecha un
gran reloj y un dietario. En el reloj fijo las horas de estudio que terminan
cada vez que salta la alarma y en el dietario escribo la lista de temas
concluidos. Confío que en dos meses los textos ardan en una gran pira
levantando llamas verdes y azuladas.
Como número
uno en oposiciones tengo una fe ciega en mi mismo. Mi novia me telefonea
cada hora. Cuando le digo que nos jugamos nuestro futuro parece entenderlo.
Recuerdo que el día de la despedida se le puso la piel de gallina pero no lloró
aunque bien que lo necesitaba. Decido enclaustrarme y no estar para nadie...
Está tan
nerviosa que no puede evitarlo. Se quita las bragas, las echa al bidé y deja
correr el agua de la ducha. Relee la carta como si no acabara de creérselo. Y
no es para menos. Después de tres años de insidiosa espera recibe una
contestación positiva. Son apenas seis líneas, frías e impersonales. La citan
el miércoles, a las diez en punto, en una zona residencial. Al entrarle unas
irresistibles ganas de volver a hacerlo se mete en la ducha; se enjabona
lentamente, con friegas suaves y circulares, dejando que las pompas bailen
sobre la piel y sin darse cuenta se deja llevar. Se ve tecleando en un
ordenador, en una oficina con luz natural, rodeada de plantas que estallan en
preciosas flores. La llaman por teléfono y es el novio que le pregunta cuando va
a salir para recogerla y tomarse unas copas. Entran sonrientes en aquél bar
oscuro y se comen a besos mientras él agita perezosamente el gin tonic
compartido. Un chorro de agua helada la despereza, el novio desaparece en los
cubitos de hielo y hasta recuerda cuanto le odia al notar el amargor de la
ginebra en sus labios cortados...
Empuje, que ya sale. Vamos, mujer. Un empujoncito y ya es nuestro. ¿Qué le sucede? Iba tan bien. Vamos, tranquilícese y volvemos a empezar. Respire hondo. Venga, ahora. No, así no, mujer. Lo está haciendo al revés. Algo va mal. No se duerma que ahora no es el mejor momento. Luego descansará todo lo que quiera, con el bebé sobre su pecho. Vamos, mujer. Un empujoncito y ya es nuestro. No sé si merece la pena, la verdad es que estoy confundida. Y no es para menos. Todo iba sobre ruedas. Ya tengo dos hijos y esta sería la nena, la princesa de la casa. Pero no sé. El caso es que a mi marido pese a todo le veo muy ilusionado. Pero no sé si será consciente de que es una boca más que alimentar. Además, las nenas gastan mucho, son presumidas desde pequeñas y caprichosas, para qué vamos a engañarnos. A ella no le puedo poner nada de sus hermanos. Está bien eso de la moda unisex pero yo debo de ser muy antigua. Por ahí si que no paso. Claro está mi mentalidad me obliga a poner otra habitación para la niña. Un gasto extra que ahora no podemos permitirnos. A mi marido está a punto de caérsele la baba. Espera embobado a verla salir. Le gustan mucho los niños. Creo que le quiero más que a nadie en el mundo. Ahora se ha puesto muy serio cuchicheando con el médico y la comadrona. Se alejan los tres y forman corrillo. Tras intercambiar unas palabras el médico se acerca con paso ligero.
-
Le vamos a poner
una inyección para adelantar el parto.
-
Ni lo sueñe,
doctor. Nunca la he necesitado.
-
Pues, entonces,
mujer, no se lo piense más. Adelante. Empuje con energía, que ya no es una
primeriza.
-
No sé…
Recogió a hurtadillas la colilla caída en el
suelo, aún estaba encendida y se la caló en la comisura de los labios. Si lo
pensaba fríamente le sabía igual que cualquier cigarro recién prendido. Todo es
cuestión de lo escrupuloso que uno sea. La tiró al pensar quien la habría
podido tener en sus labios; tal vez un aristócrata sifilítico, un hombre
babeante o un enfermo terminal. Si te dejas dominar por los pensamientos estás
perdido. Volvió a recogerla del suelo aún humeante y expulsó el humo como lo
haría un hombre feliz y corriente. Miraba en las papeleras con elegancia y
disimulo, como si hubiera perdido algo; alargaba la mano y hurgaba con el
guante de látex. Notó algo parecido a un mordisco y no se decidió a retirar la
mano. Cuando lo hizo vio que se había cortado y el dedo anular le sangraba. Lo
envolvió con el pañuelo. La punta de los dedos de látex rozaba la porquería mientras
las tripas se le revolvían. Todo era acostumbrarse. Introdujo la mano con
decisión y sintió el roce de una piel que adivinó de plátano. Antes de rebuscar
como un gentleman en las papeleras se rozaba con las paredes para atraer la buena
suerte o bajaba un pie a la calzada, a punto de ser atropellado, porque había
leído que con esta añagaza le llovería dinero...
Desplegó las suaves manos por la piel de
cuero. El tacto cálido la hizo estremecerse. Abrió el catálogo y marcó
con el lápiz su modelo preferido. Su marido en la oficina tenía una gran bronca
con el jefe. Repetidas veces se ha mordido la lengua pero esta vez salta, la
mecha prende como la yesca. La mujer se dirige con una sonrisa al dependiente
señalando con el índice un tresillo de terciopelo azul. Es un modelo muy caro
para estar en exhibición, tendríamos que pedirlo a la central. ¿Cómo va a pagarlo?
Se muerde el labio inferior. En el despacho permanece sentado mientras el jefe
le amonesta. La verdad no me esperaba esto de usted, todo menos el insulto. Pagaré
en cómodos plazos. ¿Cuántos días tardarán en llevármelo a casa? Le pido
disculpas ha sido un arrebato, no pretendía ofenderlo. Se lo llevaremos en tres
días. También quiero cambiar la habitación de matrimonio. Entera. Estoy
aburrida de la coqueta, las lámparas, la alfombra y de todo lo demás. Las
disculpas llegan demasiado tarde. ¡Que le den por culo! El marido hace un gesto
ostensible y abandona la oficina...
Recuerdo
como si fuera hoy aquél aciago día, aún no había amanecido, en que descendía
las escaleras del metro a la búsqueda de un trabajo. Me di de bruces con un
obrero que subía agitando un diario dando grandes voces de contento: ¡Franco ha
muerto! ¡Franco ha muerto! ¡Franco ha muerto!
-
¿Dónde vas, muchacho, si
hoy no trabaja nadie?- me interrogó con una alegría que le desbordaba el
corazón.
-
¿Nadie?
Me llevaron los demonios al
saber que el dictador en su último estertor me había dejado con el culo al
aire...
-
Papá, huelo el mar.
El pequeño se dejó caer en el sillón transpuesto de
sueño. Al cabo de un rato se despertó con la idea bulléndole en la cabeza.
-
¿Podemos ir a la playa?
-
No.
El padre gruñó, aunque igual daba que hubiera
ladrado. Pero el niño no se arredró. El deseo era más fuerte.
-
¿Y tomar un helado?
La bofetada
le dejó atontado. Un río de lágrimas le surcó la mejilla mientras sujetaba en
la mano el folleto de las vacaciones que había subido del buzón.
Su madre salió
apurada de la cocina al resultarle familiar aquél sonido. Llevándose las manos
jabonosas a la cabeza tan solo dijo:
- Algún día, con la ayuda de Dios, tendrás playa y
helado.
Ahí me veía yo a mis sesenta
y un años echando papelitos por los buzones de la urbanización. Lo hacía de
noche, a escondidas, cuando todos estaban recogidos viendo la televisión. Me veo
obligada por las circunstancias, yo que como quien dice me había partido la
espalda desde muy niña y ya podía disfrutar de una jubilación. Pero ya se sabe
como son estas cosas. Un día abres los ojos y no tienes nada y más vale que no
te preguntes como has llegado a esta situación, solo sirve para que te
envenenes la sangre y odies a cualquier prójimo que se te cruce en el camino y
más si es feliz. Vergüenza es lo que tengo, una vergüenza tan grande que por
las noches me hace llorar sobre la almohada, pero qué le voy a hacer, hay que
apechugar con lo que viene y lo único que tengo son arrestos para afrontar con
lo que sea, aunque por dentro lo esté pasando muy mal. Pero si a los hijos les
va mal alguien ha de arrimar el hombro hasta que vengan tiempos mejores. Y no
le ha pasado solo a él, también mi nuera se ha quedado mano sobre mano. Ya es
mala suerte.
¡A comer!
Es el grito de guerra de mamá. Tirado en el
suelo hago como si no la escuchara. Sigo emperrado en poner en pie mis soldados
de plomo. Basta un simple estremecimiento de la tarima para que se desplomen y
me coja una rabieta de llanto y mocos. Ya tengo la infantería preparada. Solo
me falta situar al enemigo en un alto para lo que utilizo como colina una caja
de zapatos a la que he elevado en punta por uno de sus extremos.
¡La sopa se enfría!
La voz agria y avejentada de mamá flota en el
pasillo. Me demoro en acudir hasta desesperarla. Cuando le hago perder el
control soy feliz. Uno de los soldados no ha podido aguantar mis carcajadas y
se despeña colina abajo. Ha sido un lamentable accidente y sólo hay un
culpable: mamá. Siempre cuando estoy en lo mejor me llama, no cesa de interrumpirme
y luego me cuesta acordarme de donde estaban y que posiciones ocupaban mis
valientes.
¡A comer!
No se dará cuenta de que ya no soy un niño. Veo
mis viejos juguetes descoloridos y no sé si echarme a llorar.
-
Hijo, te comportas igual que si fueras un niño. Nunca
contestas cuando te llamo.
-
Perdona. Estaba en la
habitación y, ya sabes, he empezado a acordarme de aquellos tiempos de cuando
jugaba feliz en mi cuarto.
-
Tu padre decía: este chico
tiene madera. Se te escuchaba en toda la casa dar órdenes como un general.
-
No olvido aquellos sermones
de papá. Sobre todo aquella cantinela de que algún día serás mayor y te irás de
casa para hacerte un hombre de provecho. Y ahora, mírame: con bastantes años
más y mano sobre mano.
-
Hijo, la vida da muchas
vueltas.
Estoy metido en una
urna de cristal algo más grande que yo. Mi respiración es irregular. Eso
significa que aún no estoy habituado a este singular recinto. En este nicho
tengo cama y comida. El recinto es tan estrecho que al moverme rozo la pared
con los codos. A mi alrededor hay centenares de nichos iguales. Miro al vecino
más cercano de ojos rasgados y parece feliz. Me saluda y se toma una pastilla
por todo alimento. Mis acompañantes adoptan para dormir una postura hierática. Miran
hacia el techo como si rezaran y, luego, lentamente entornan los ojos. Al cabo
de un rato todos duermen. Tienen una respiración acompasada y tranquila.
Me encuentro
verdaderamente mal dentro de este sarcófago. Sigo sin poder moverme a mis
anchas y eso me irrita sobremanera. Pruebo a levantarme y a tomar la pastilla.
Mi cabeza choca contra el cristal. Percibo a centenares de hombres que
continúan tumbados. Todos están ahora en la misma posición. De medio lado,
encogidos. Duermen como si cumplieran una consigna.
viernes, 8 de julio de 2011
La pista
Cuando desaparecieron por ensalmo los negros que vendían los
periódicos a la puerta de los centros comerciales tuvo el pálpito de que la crisis había
pasado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














