"Yo creía en este país. Por ello estudié dos carreras, hice un MBA, estudié idiomas, me formé de manera constante, trabajé desde los 16 años, y ahora, cercano a los 40, divorciado y con una hija, soy uno de los más de cuatro millones de parados. Desde el primer momento me puse a buscar trabajo y sólo encontré respuestas negativas..." Esta Carta es de ayer, tres de mayo. ¿Les suena la música? La letra es bien sabida.
Aquí se trata de contar la realidad sin la doble moral que pervierte al periodismo actual.
martes, 4 de mayo de 2010
Cartas sin respuesta
"Dicen que la crisis se está acabando, pero el lunes 31 de noviembre despidieron a mi sobrina de 43 años a causa de un ERE... el martes 1 de diciembre despidieron a mi hija de 30 años, licenciada en Historia del Arte y con idiomas...el jueves 3 le comunican a mi nuera, que tiene la carrera de documentalista -con doctorado posterior, además de una licenciatura en Marketing y el Proficiency en inglés-, que debido a que la empresa no gana lo suficiente necesitan despedirla de inmediato. Era una Carta al Director de finales de 2009.
"Yo creía en este país. Por ello estudié dos carreras, hice un MBA, estudié idiomas, me formé de manera constante, trabajé desde los 16 años, y ahora, cercano a los 40, divorciado y con una hija, soy uno de los más de cuatro millones de parados. Desde el primer momento me puse a buscar trabajo y sólo encontré respuestas negativas..." Esta Carta es de ayer, tres de mayo. ¿Les suena la música? La letra es bien sabida.
"Yo creía en este país. Por ello estudié dos carreras, hice un MBA, estudié idiomas, me formé de manera constante, trabajé desde los 16 años, y ahora, cercano a los 40, divorciado y con una hija, soy uno de los más de cuatro millones de parados. Desde el primer momento me puse a buscar trabajo y sólo encontré respuestas negativas..." Esta Carta es de ayer, tres de mayo. ¿Les suena la música? La letra es bien sabida.
lunes, 3 de mayo de 2010
El pan, rey de la especulación
Iba yo a comprar el pan con la calderilla sobrante y me quedé de piedra. Si ayer me llegaba para la baguette con 33 céntimos, hoy estaba a 72 céntimos –y era exactamente la misma-. Hay días que puedo comprar dos baguette por el precio de una y no me lo explico. La compulsiva especulación que realizan las tiendas (desde la del barrio al super o al hiper) con el precio del pan se puede derivar hacia otros alimentos esenciales: leche, huevos, etcétera.
Lo que hoy vale tanto, mañana la mitad y pasado el doble. El ciudadano inerme se tira del pelo y empieza a pensar que se lo llevan tomando mucho tiempo. Hoy hablamos del pan, otro día podemos hacerlo del precio de una vivienda y luego nos explicamos lo de la burbuja.
Lo que hoy vale tanto, mañana la mitad y pasado el doble. El ciudadano inerme se tira del pelo y empieza a pensar que se lo llevan tomando mucho tiempo. Hoy hablamos del pan, otro día podemos hacerlo del precio de una vivienda y luego nos explicamos lo de la burbuja.
domingo, 2 de mayo de 2010
El cuarentón
Arrojó las relucientes monedas contra la bandeja y esperó la vuelta.
- Falta un euro- le amonestó el cobrador.
- ¿Cómo?
- Un euro, señor, o se baja.
Rebuscó en los bolsillos hasta dar con una moneda escondida en los pliegues del pañuelo. La moneda rebotó furiosa en la bandeja. El conductor le entregó el ticket sin inmutarse. Al fondo había un asiento libre pegado a la ventana. Después de comprobar que estaba limpio trató de acomodarse. Estiró las piernas tocando con las punteras de los relucientes zapatos el asiento delantero. Al mirar por la ventanilla era como si el mundo se hubiera quedado sin color. El persistente gris le acongojaba y le hacía sentir frío en los huesos. Cuanto le rodeaba, hasta la sonrisa del niño que descaradamente buscaba la suya, estaba impregnado por la tristeza. Acababa de cumplir los cuarenta y cuatro. Tenía el ánimo de un náufrago al que una ola le arrebata el salvavidas.
La línea circular del autobús en sus repetidas vueltas por la ciudad le hizo regresar al primer escaparate, a la tienda donde eligió emocionado un regalo para su primera y única novia.
- Llegarás lejos- le dijo ella enlazándole las manos con tanto embeleso que sintió que la rechazaba.
Su novia desde el principio cayó rendida a sus pies. Mónica le propuso un día una escapada lejos de sus padres fingiendo un viaje con una compañera. Pasaron tres días completamente desnudos en una cabaña de la sierra. Hacían la vida en la cama como John Lennon y Yoko Ono. Fumaban porros sin parar de hablar. La nevera junto a la mesilla de noche les saciaba el hambre. Nada más necesitaban.
Los frenos chirriaron y el autobús se detuvo a la puerta del café donde se le había declarado. Mónica, te quiero más que a nadie en el mundo. Le dio vergüenza rememorar el susurro y la grandilocuencia de su voz adolescente. Los ojos de Mónica no dejaron de sonreír hasta que la despidió en el portal. Demasiado empalagosa y posesiva, se dijo mientras devolvía el guiño al niño que vuelta la cabeza le miraba desde el asiento delantero.
- ¿Dónde va, señor?
- Lejos, muy lejos, mocoso.
Ni siquiera sabía que hacía en el autobús. Se había plantado en la parada en su día libre, alzado la mano y subido presa de emociones incontrolables. Varios compañeros habían sido expulsados del trabajo el último mes. Sin duda sería el próximo. Tenía un historial envidiable, un perfil insuperable, pero la bestia podía con todo.
Tras los ventanales un hombre maduro, atractivo, el pelo encaneciendo sabiamente, con un punto de nostalgia en los ojos. Así lo vio la agente de policía que dirigía el tráfico en la hora punta. Lo tuvo ante el cristal unos segundos, los suficientes para sentirse atraída. El conductor palideció cuando los pitidos le conminaron a arrimarse a la calzada. La agente subió con la gorra en la mano, luciendo una espléndida sonrisa, esponjándose la melena rubia. El conductor la miró azorado.
- Lleva más pasajeros de los permitidos.
Con paso marcial se dirigió al fondo y empezó a contarlos uno por uno. Cuando llegó a su lado él la miró contrariado. Le pareció aún más guapo y viril.
- Documentación.
- ¿Bromea?
Cuando recibió su llamada solo supo asentir a la cita. Por teléfono tenía una voz atractiva. Estrenó el polo, unos vaqueros y un frasco de colonia. Al llegar a la plaza y abrazarla el arma le golpeó en la cadera.
- ¿Por qué llevas pistola?
- Toda precaución es poca.
- Pero estás fuera de servicio.
- Tengo permiso de armas.
- Me das miedo- bromeó mientras la tomaba de la mano.
- No sabes lo mala que puedo llegar a ser.
- Falta un euro- le amonestó el cobrador.
- ¿Cómo?
- Un euro, señor, o se baja.
Rebuscó en los bolsillos hasta dar con una moneda escondida en los pliegues del pañuelo. La moneda rebotó furiosa en la bandeja. El conductor le entregó el ticket sin inmutarse. Al fondo había un asiento libre pegado a la ventana. Después de comprobar que estaba limpio trató de acomodarse. Estiró las piernas tocando con las punteras de los relucientes zapatos el asiento delantero. Al mirar por la ventanilla era como si el mundo se hubiera quedado sin color. El persistente gris le acongojaba y le hacía sentir frío en los huesos. Cuanto le rodeaba, hasta la sonrisa del niño que descaradamente buscaba la suya, estaba impregnado por la tristeza. Acababa de cumplir los cuarenta y cuatro. Tenía el ánimo de un náufrago al que una ola le arrebata el salvavidas.
La línea circular del autobús en sus repetidas vueltas por la ciudad le hizo regresar al primer escaparate, a la tienda donde eligió emocionado un regalo para su primera y única novia.
- Llegarás lejos- le dijo ella enlazándole las manos con tanto embeleso que sintió que la rechazaba.
Su novia desde el principio cayó rendida a sus pies. Mónica le propuso un día una escapada lejos de sus padres fingiendo un viaje con una compañera. Pasaron tres días completamente desnudos en una cabaña de la sierra. Hacían la vida en la cama como John Lennon y Yoko Ono. Fumaban porros sin parar de hablar. La nevera junto a la mesilla de noche les saciaba el hambre. Nada más necesitaban.
Los frenos chirriaron y el autobús se detuvo a la puerta del café donde se le había declarado. Mónica, te quiero más que a nadie en el mundo. Le dio vergüenza rememorar el susurro y la grandilocuencia de su voz adolescente. Los ojos de Mónica no dejaron de sonreír hasta que la despidió en el portal. Demasiado empalagosa y posesiva, se dijo mientras devolvía el guiño al niño que vuelta la cabeza le miraba desde el asiento delantero.
- ¿Dónde va, señor?
- Lejos, muy lejos, mocoso.
Ni siquiera sabía que hacía en el autobús. Se había plantado en la parada en su día libre, alzado la mano y subido presa de emociones incontrolables. Varios compañeros habían sido expulsados del trabajo el último mes. Sin duda sería el próximo. Tenía un historial envidiable, un perfil insuperable, pero la bestia podía con todo.
Tras los ventanales un hombre maduro, atractivo, el pelo encaneciendo sabiamente, con un punto de nostalgia en los ojos. Así lo vio la agente de policía que dirigía el tráfico en la hora punta. Lo tuvo ante el cristal unos segundos, los suficientes para sentirse atraída. El conductor palideció cuando los pitidos le conminaron a arrimarse a la calzada. La agente subió con la gorra en la mano, luciendo una espléndida sonrisa, esponjándose la melena rubia. El conductor la miró azorado.
- Lleva más pasajeros de los permitidos.
Con paso marcial se dirigió al fondo y empezó a contarlos uno por uno. Cuando llegó a su lado él la miró contrariado. Le pareció aún más guapo y viril.
- Documentación.
- ¿Bromea?
Cuando recibió su llamada solo supo asentir a la cita. Por teléfono tenía una voz atractiva. Estrenó el polo, unos vaqueros y un frasco de colonia. Al llegar a la plaza y abrazarla el arma le golpeó en la cadera.
- ¿Por qué llevas pistola?
- Toda precaución es poca.
- Pero estás fuera de servicio.
- Tengo permiso de armas.
- Me das miedo- bromeó mientras la tomaba de la mano.
- No sabes lo mala que puedo llegar a ser.
sábado, 1 de mayo de 2010
El estallido que viene
Desde que estalló la crisis, agosto 2007, sociólogos-columnistas, políticos, periodistas, analistas, empresarios y sindicalistas vienen avisando sobre la posibilidad de que se produzca en España una violenta explosión popular. Las señales ante un previsible estallido social son evidentes: la precariedad del empleo, la pérdida del poder adquisitivo, la dificultad para llegar a fin de mes y acceder a una vivienda digna.
¿Habrá un estallido social? Esta la cuestión que más inquieta al Gobierno de Zapatero. En los centros de poder más influyentes -‘think tank’, laboratorios de ideas, observatorios, fundaciones ideológicas- se estudian los escenarios posibles.
viernes, 30 de abril de 2010
Teoría de los grifos
Entre el despilfarro y la austeridad había antes lo que se denominaba comportamiento cívico. Uno actuaba respetando el equilibrio en la naturaleza y en las cosas. Ahora los términos se han trastocado. Desde el Gobierno se adjetiva de austeridad el recorte de gastos en varios departamentos (se pone una medalla), pero al tiempo despilfarra (lo que no reconoce abiertamente) en campañas de autobombo que a nadie benefician. Hasta el punto de que tanto Zapatero como Rajoy han reconocido que la imagen de España en el exterior no es buena.


En el Gobierno disfrutan con la teoría de los grifos. Abren desmesuradamente el del subsidio (más de 34.000 millones de euros) que no deja de ser 'pan para hoy y hambre para mañana' y cierran el del acceso al crédito (axfisiando a pymes y autónomos) y el de la innovación, desperdiciando talentos.
jueves, 29 de abril de 2010
La magnitud de la tragedia
En fila por las carreteras de España los 4.612.700 de parados contabilizados el pasado 27 de abril por el INE (Instituto Nacional de Estadística) se verían obligados a traspasar las fronteras y ocupar Francia y Portugal. Si les regaláramos una entrada llenarían los campos de fútbol de todas las provincias españolas (de primera, segunda, tercera división y los de barrio), todas las plazas de toros (de grandes ciudades y pueblos), cines y teatros. Cuatro millones y medio de parados ocuparían la mitad de Andalucía, las dos terceras partes de las ciudades más pobladas de España, Madrid o Barcelona, incluso la suma de comunidades autónomas como Castilla y León y Murcia o País Vasco y Canarias.
miércoles, 28 de abril de 2010
Un despido improcedente
Cualquier motivo es válido para el despido. El jefe siempre tiene razón aunque esté equivocado. Así queda demostrado en el siguiente fragmento:
“En el año 1795 un astrónomo que trabajaba como ayudante en el laboratorio de Greenwich perdió su empleo al descubrir su superior que los tiempos de paso por el meridiano que marcaba él mismo llevaban sistemáticamente 0,5 segundos de adelanto sobre los de su ayudante. Por supuesto, el superior supuso que los suyos eran correctos y erróneos los del ayudante”.
Historia de la Psicología, Thomas Hardy
“En el año 1795 un astrónomo que trabajaba como ayudante en el laboratorio de Greenwich perdió su empleo al descubrir su superior que los tiempos de paso por el meridiano que marcaba él mismo llevaban sistemáticamente 0,5 segundos de adelanto sobre los de su ayudante. Por supuesto, el superior supuso que los suyos eran correctos y erróneos los del ayudante”.
Historia de la Psicología, Thomas Hardy
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