Que tengan que recordarte que es el Día contra la Explotación Infantil, el Día contra la Violencia de Género, el Día de la Tierra... indica que los humanos tenemos una memoria endeble.
Y es una pena que traten de recordarnos que esos días debemos hacer el bien. Como si los otros fueran los días para hacer el mal.
Aquí se trata de contar la realidad sin la doble moral que pervierte al periodismo actual.
martes, 22 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
La autoestima vencerá
A siete horas y media para jugárnosla ante Honduras se está dando en directo una muestra de la autoestima de este país.
Valga un testimonio:
- Hoy nos vamos a casa.
- Sí, yo ya he dicho que tenemos el billete de vuelta.
Este era el nefasto diálogo entre un cliente y la cajera de un supermercado.
Me vi obligado a intervenir. Y le solté espontáneamente a la cajera:
- Vamos a golear 4-0 a Honduras. Mañana cuando nos veamos te lo recordaré.
A ustedes se lo diré esta noche.
Valga un testimonio:
- Hoy nos vamos a casa.
- Sí, yo ya he dicho que tenemos el billete de vuelta.
Este era el nefasto diálogo entre un cliente y la cajera de un supermercado.
Me vi obligado a intervenir. Y le solté espontáneamente a la cajera:
- Vamos a golear 4-0 a Honduras. Mañana cuando nos veamos te lo recordaré.
A ustedes se lo diré esta noche.
domingo, 20 de junio de 2010
Limpieza y plancha
Ahí me veía yo a mis sesenta y un años echando papelitos por los buzones de la urbanización. Lo hacía de noche, a escondidas, cuando todos estaban recogidos viendo la televisión. Me veo obligada por las circunstancias, yo que como quien dice me había partido la espalda desde muy niña y ya podía disfrutar de una jubilación. Pero ya se sabe como son estas cosas. Un día abres los ojos y no tienes nada y más vale que no te preguntes como has llegado a esta situación, solo sirve para que te envenenes la sangre y odies a cualquier prójimo que se te cruce en el camino y más si es feliz. Vergüenza es lo que tengo, una vergüenza tan grande que por las noches me hace llorar sobre la almohada, pero qué le voy a hacer, hay que apechugar con lo que viene y lo único que tengo son arrestos para afrontar con lo que sea, aunque por dentro lo esté pasando muy mal. Pero si a los hijos les va mal alguien ha de arrimar el hombro hasta que vengan tiempos mejores. Y no le ha pasado solo a él, también mi nuera se ha quedado mano sobre mano. Ya es mala suerte.
La primera vez dudé en dejar apuntado mi número de teléfono que no vaya a ser que vea el papelito una conocida y me saque los mil colores, pero luego me dije, Angustias no lo pienses más que tienes que sacar al nieto adelante y aquí estoy esperando que suene el dichoso teléfono. Y vaya si sonó el condenado, sobre todo la primera hora. Un desgraciado me dijo que todavía llevaba dodotis y que si se los cambiaba y me soltó un eructo que casi huelo la cerveza. Pero no paró ahí la cosa; luego llamaron unos niños, eso sí muy resalados, para decirme que les había abandonado su mamá y que si la señora estaba maciza, total que a punto estuve de no descolgar más el aparato. Pero sólo de pensar en mi nieto –lo que más quiero en este mundo, con tres añitos está para comérselo- y que estaban cerca los reyes, me dije Angustias no puedes rendirte. Así que continuaron las bromas, porque hay gente que no sabe estar. Hasta que descansaron los timbrazos.
A eso de las diez llamó una de esas señoras que se la dan de muy finas, se la notaba en la voz tan almibarada y pidiendo mil excusas por la hora. Me pagaba trescientos cincuenta euros al mes y vi el cielo abierto. Cuando me dio la dirección a punto estuve de correr hasta su casa. Me citó para el día siguiente, a media tarde, en que me dijo estarían el marido y los chicos. Abrió la puerta un adolescente desgarbado con granos en la cara y un sonrojo tan grande que daba pena verle.
- Pase, mi madre la está esperando- me dijo turbado, los brazos colgándole desmadejados sobre una ropa que le quedaba pequeña.
Un perrito como de juguete, tal parecía que le hubieran dado cuerda, vino correteando hasta mis pies el muy zalamero. Un Yorkshire creo que es la raza. La mujer, de unos cincuenta años, muy agraciada con el vestido azul que llevaba, se presentó con una amplia sonrisa y me explicó que el de la puerta era el hijo mayor, dieciséis años, en la edad difícil, mudando de piel, ya se sabe, y que tenía también una hija de catorce, que estaba en la habitación de la que llegaba una música atronadora. Me hizo pasar al suntuoso salón donde me sirvió una copa de jerez con almendras y llamó a su marido que estaba en el despacho revisando unos papeles. Era un hombre de aspecto agradable y como ajeno a la situación pero ella se creyó en la obligación de presentármelo. Entonces fue cuando me enteré de que no las tenía todas conmigo. La señora muy amable y como disculpándose me apuntó que había otras candidatas. Haciendo un mohín con los labios reconoció que eran rumanas, polacas y hasta sudamericanas, y que se ofrecían baratas y con referencias. Me acordé entonces de cuando arrancaba las notas pegadas en tiras en los corchos de los supermercados y paradas de autobús con aquello de señora seria y responsable, se ofrece para trabajar en labores domésticas, cuidar niños, planchar...y vete tú a saber. Se me encendía la sangre con eso de la emigración. Yo que había pasado una guerra veía como ahora venían estas de fuera a quitarme el pan de mi nieto. Válgame dios, que tiene bemoles la cosa.
La primera vez dudé en dejar apuntado mi número de teléfono que no vaya a ser que vea el papelito una conocida y me saque los mil colores, pero luego me dije, Angustias no lo pienses más que tienes que sacar al nieto adelante y aquí estoy esperando que suene el dichoso teléfono. Y vaya si sonó el condenado, sobre todo la primera hora. Un desgraciado me dijo que todavía llevaba dodotis y que si se los cambiaba y me soltó un eructo que casi huelo la cerveza. Pero no paró ahí la cosa; luego llamaron unos niños, eso sí muy resalados, para decirme que les había abandonado su mamá y que si la señora estaba maciza, total que a punto estuve de no descolgar más el aparato. Pero sólo de pensar en mi nieto –lo que más quiero en este mundo, con tres añitos está para comérselo- y que estaban cerca los reyes, me dije Angustias no puedes rendirte. Así que continuaron las bromas, porque hay gente que no sabe estar. Hasta que descansaron los timbrazos.
A eso de las diez llamó una de esas señoras que se la dan de muy finas, se la notaba en la voz tan almibarada y pidiendo mil excusas por la hora. Me pagaba trescientos cincuenta euros al mes y vi el cielo abierto. Cuando me dio la dirección a punto estuve de correr hasta su casa. Me citó para el día siguiente, a media tarde, en que me dijo estarían el marido y los chicos. Abrió la puerta un adolescente desgarbado con granos en la cara y un sonrojo tan grande que daba pena verle.
- Pase, mi madre la está esperando- me dijo turbado, los brazos colgándole desmadejados sobre una ropa que le quedaba pequeña.
Un perrito como de juguete, tal parecía que le hubieran dado cuerda, vino correteando hasta mis pies el muy zalamero. Un Yorkshire creo que es la raza. La mujer, de unos cincuenta años, muy agraciada con el vestido azul que llevaba, se presentó con una amplia sonrisa y me explicó que el de la puerta era el hijo mayor, dieciséis años, en la edad difícil, mudando de piel, ya se sabe, y que tenía también una hija de catorce, que estaba en la habitación de la que llegaba una música atronadora. Me hizo pasar al suntuoso salón donde me sirvió una copa de jerez con almendras y llamó a su marido que estaba en el despacho revisando unos papeles. Era un hombre de aspecto agradable y como ajeno a la situación pero ella se creyó en la obligación de presentármelo. Entonces fue cuando me enteré de que no las tenía todas conmigo. La señora muy amable y como disculpándose me apuntó que había otras candidatas. Haciendo un mohín con los labios reconoció que eran rumanas, polacas y hasta sudamericanas, y que se ofrecían baratas y con referencias. Me acordé entonces de cuando arrancaba las notas pegadas en tiras en los corchos de los supermercados y paradas de autobús con aquello de señora seria y responsable, se ofrece para trabajar en labores domésticas, cuidar niños, planchar...y vete tú a saber. Se me encendía la sangre con eso de la emigración. Yo que había pasado una guerra veía como ahora venían estas de fuera a quitarme el pan de mi nieto. Válgame dios, que tiene bemoles la cosa.
sábado, 19 de junio de 2010
Números mágicos
Los números pierden valor contable y ganan alma cuando se convierten en celebraciones. Es el caso de los cumpleaños, aniversarios...
Son números mágicos porque te traen la felicidad. Te dices: 23 años casado, parece mentira que fuera un 19 de junio. Entonces vienen los recordatorios de lo acontecido, filtrando sabiamente los buenos momentos. Te recorre la alegría y desechas la melancolía para que el día sea fructífero.
Son números mágicos porque te traen la felicidad. Te dices: 23 años casado, parece mentira que fuera un 19 de junio. Entonces vienen los recordatorios de lo acontecido, filtrando sabiamente los buenos momentos. Te recorre la alegría y desechas la melancolía para que el día sea fructífero.
viernes, 18 de junio de 2010
Muere nuestra conciencia
No ha podido ver la entrada de este verano que se presume tórrido y cruel. José Saramago nos dijo adiós hace unas horas. Me gustaba más como conciencia que como novelista. Pero cada cual tiene sus preferencias.
Pero sobre todo sus artículos periodísticos definían su esencia de humanidad. "Cuando Javier Bauluz bajó a la playa de Zahara ya sabía que se iba a encontrar un cadáver. Javier Bauluz es fotógrafo, en sus cámaras tanto caben besos como cuerpos destrozados. Si los besos se tornaron indiferentes por la vulgaridad y monótonos los muertos por la multiplicidad, la culpa no es suya. De él se espera que retrate lo que ve, no lo que le gustaría ver. En septiembre las playas están llenas de bañistas. A veces las olas traen un aguamala, un pecio, una concha partida, una bola de alquitrán. La concha y los pecios pueden interesar a artistas y coleccionistas del ready-made, el alquitrán y la aguamala hay que retirarlos con prontitud para evitar las justas reclamaciones de los turistas de fuera y de dentro. A veces es un ahogado quien recala a la costa, alguien a quien nadando le faltaron fuerzas o ya no las tenía cuando la patera se hundió..."
( Llamado por la muerte/Por José Saramago, Premio Nobel de Literatura. Publicado en el Magazine de La Vanguardia, 2 de Marzo 2003).
Pero sobre todo sus artículos periodísticos definían su esencia de humanidad. "Cuando Javier Bauluz bajó a la playa de Zahara ya sabía que se iba a encontrar un cadáver. Javier Bauluz es fotógrafo, en sus cámaras tanto caben besos como cuerpos destrozados. Si los besos se tornaron indiferentes por la vulgaridad y monótonos los muertos por la multiplicidad, la culpa no es suya. De él se espera que retrate lo que ve, no lo que le gustaría ver. En septiembre las playas están llenas de bañistas. A veces las olas traen un aguamala, un pecio, una concha partida, una bola de alquitrán. La concha y los pecios pueden interesar a artistas y coleccionistas del ready-made, el alquitrán y la aguamala hay que retirarlos con prontitud para evitar las justas reclamaciones de los turistas de fuera y de dentro. A veces es un ahogado quien recala a la costa, alguien a quien nadando le faltaron fuerzas o ya no las tenía cuando la patera se hundió..."
( Llamado por la muerte/Por José Saramago, Premio Nobel de Literatura. Publicado en el Magazine de La Vanguardia, 2 de Marzo 2003).
jueves, 17 de junio de 2010
Te roban la voz
Los ciudadanos perplejos y resignados tienen un problema: ante su silencio otros les suplantan la voz. Líderes de opinión, tertulianos...te roban la palabra.
Muchos ya están cansados de escuchar como hablan por ellos. La opinión pública es tan manipulable que está perdiendo su verdadera fuerza. Sólamente cuando la gente sale a la calle se observa una forma más natural de expresarse. Aun cuándo también haya protestas mediatizadas.
No te dejes robar la voz (la palabra) es prácticamente lo único que te queda.
Muchos ya están cansados de escuchar como hablan por ellos. La opinión pública es tan manipulable que está perdiendo su verdadera fuerza. Sólamente cuando la gente sale a la calle se observa una forma más natural de expresarse. Aun cuándo también haya protestas mediatizadas.
No te dejes robar la voz (la palabra) es prácticamente lo único que te queda.
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