"...Al final, lo que ocurre es que para la gente el enemigo no es el sistema, sino el individuo que ha conseguido lo que uno no tiene. El parado odia al que trabaja, pero no da un paso para cambiar las cosas. Si tienes trabajo, la gente se pregunta quién te habrá recomendado. Si estás en la televisión, piensan ¿quién le habrá enchufado? En el 80% de los casos es así. O sea que se sienten legitimados para seguir pensándolo. No es algo genético, es el funcionamiento del país. Es su frustración".
Lo ha dicho Roberto Saviano, amenazado de muerte por la Camorra napolitana, en El País (27.06.10).
Aquí se trata de contar la realidad sin la doble moral que pervierte al periodismo actual.
domingo, 27 de junio de 2010
Tomar el pelo a los ciudadanos
Los madrileños que hayan conectado hoy Telemadrid para ver las últimas informaciones sobre el paro convocado en el metro se han quedado con un palmo de narices.
Ni una mención al grave conflicto que perjudicará a los ciudadanos. Los más optimistas pensaban que no se informaba porque se quería anunciar al final del informativo una noticia positiva. Pero no ha sido así. Telemadrid tuvo hoy nada de servicio público. Sólo en su web se mencionaba el paro que desesperará dentro de unas horas a los madrileños.
Ni una mención al grave conflicto que perjudicará a los ciudadanos. Los más optimistas pensaban que no se informaba porque se quería anunciar al final del informativo una noticia positiva. Pero no ha sido así. Telemadrid tuvo hoy nada de servicio público. Sólo en su web se mencionaba el paro que desesperará dentro de unas horas a los madrileños.
sábado, 26 de junio de 2010
patio de colegio
La hora del recreo ha sido siempre la hora de las filias y las fobias. Es cuando se han formado líderes y solitarios.
El patio del colegio es el que define el carácter de las personas. Es el momento de establecer relaciones duraderas y de intercambiar impresiones. Es también el momento en que se gestan los automarginados; esos que no quieren saber nada de nadie o a los que se les echa de lado, los auténticos marginados. El patio es el lugar para demostrar quien es el más fuerte y quien debe agachar la cabeza.
La media hora del recreo ha marcado nuestras vidas más de lo que imaginamos.
El patio del colegio es el que define el carácter de las personas. Es el momento de establecer relaciones duraderas y de intercambiar impresiones. Es también el momento en que se gestan los automarginados; esos que no quieren saber nada de nadie o a los que se les echa de lado, los auténticos marginados. El patio es el lugar para demostrar quien es el más fuerte y quien debe agachar la cabeza.
La media hora del recreo ha marcado nuestras vidas más de lo que imaginamos.
viernes, 25 de junio de 2010
Iniesta, modelo para todos
No es un icono de la modernidad, más bien un símbolo de la gente humilde. Iniesta supo llevarnos con su gol ante Chile a octavos.
"...Desde muy pequeño siempre he tenido que sacrificarme, y eso es una buena inspiración, porque mi vida siempre ha sido una constante superación, día a día, para llegar a un objetivo. Esa es la mejor medicina para mí". (declaraciones del jugador en La Vanguardia, 20.06.10).
"La ilusión no nos la quita nadie", confiesa. Desde luego a Iniesta nadie le tumba. Un modelo de sacrificio poco valorado por los gurús. Pero no tardará en ser un referente.
"...Desde muy pequeño siempre he tenido que sacrificarme, y eso es una buena inspiración, porque mi vida siempre ha sido una constante superación, día a día, para llegar a un objetivo. Esa es la mejor medicina para mí". (declaraciones del jugador en La Vanguardia, 20.06.10).
"La ilusión no nos la quita nadie", confiesa. Desde luego a Iniesta nadie le tumba. Un modelo de sacrificio poco valorado por los gurús. Pero no tardará en ser un referente.
jueves, 24 de junio de 2010
Pistas para un escándalo
"...Desde el 2005 estoy especializada en gestión de oenegés. He trabajado como contable y jefe contable en tres fundaciones, las tres vinculadas a instituciones religiosas. Dos de ellas están entre las más importantes del país por la cantidad de recursos financieros y humanos que mueven. Una de las entidades tiene decenas de años de tradición, es conservadora, ... y tiene mucha incidencia en los medios de comunicación y en el mundo de la cultura. Su nómina supera los 1.000 empleados, el 95% de los cuales son mileuristas e incluso menos que eso. Imperan las amenazas y la ley del silencio, así como los despidos improcedentes.
La dirección disfruta de salarios muy por encima de lo normal, las facturas de algunos proveedores son dudosas, y la contabilidad, otro tanto. Los auditores emiten informes a conveniencia de la dirección, y el patronato no ve nada anormal. Las administraciones públicas autonómicas y locales no controlan los fondos que generosamente subvencionan, y la propia Agencia Tributaria no entra a fondo en el caso... ¿cuándo algún funcionario, juez o periodista sospechará y se interesará ...?
Es la denuncia pública de una mujer desesperada ante la injusticia, con su nombre y apellidos que he omitido aunque los ha publicado en el diario..
¿Quién sigue la pista?
La dirección disfruta de salarios muy por encima de lo normal, las facturas de algunos proveedores son dudosas, y la contabilidad, otro tanto. Los auditores emiten informes a conveniencia de la dirección, y el patronato no ve nada anormal. Las administraciones públicas autonómicas y locales no controlan los fondos que generosamente subvencionan, y la propia Agencia Tributaria no entra a fondo en el caso... ¿cuándo algún funcionario, juez o periodista sospechará y se interesará ...?
Es la denuncia pública de una mujer desesperada ante la injusticia, con su nombre y apellidos que he omitido aunque los ha publicado en el diario..
¿Quién sigue la pista?
miércoles, 23 de junio de 2010
Naciendo
La natalidad se frenó en España en el año 2009 tras un periodo de continuo incremento durante los 10 años anteriores. Esto me da pie para colgar este relato.
Empuje, que ya sale. Vamos, mujer. Un empujoncito y ya es nuestro. ¿Qué le sucede? Iba tan bien. Vamos, tranquilícese y volvemos a empezar. Respire hondo. Venga, ahora. No, así no, mujer. Lo está haciendo al revés. Algo va mal. No se duerma que ahora no es el mejor momento. Luego descansará todo lo que quiera, con el bebé sobre su pecho. Vamos, mujer. Un empujoncito y ya es nuestro.
No sé si merece la pena, la verdad es que estoy confundida. Y no es para menos. Todo iba sobre ruedas. Ya tengo dos hijos y esta sería la nena, la princesa de la casa. Pero no sé. El caso es que a mi marido pese a todo le veo muy ilusionado. Pero no sé si será consciente de que es una boca más que alimentar. Además, las nenas gastan mucho, son presumidas desde pequeñas y caprichosas, para qué vamos a engañarnos. A ella no le puedo poner nada de sus hermanos. Está bien eso de la moda unisex pero yo debo de ser muy antigua. Por ahí si que no paso. Claro está mi mentalidad me obliga a poner otra habitación para la niña. Un gasto extra que ahora no podemos permitirnos.
A mi marido está a punto de caérsele la baba. Espera embobado a verla salir. Le gustan mucho los niños. Creo que le quiero más que a nadie en el mundo. Ahora se ha puesto muy serio cuchicheando con el médico y la comadrona. Se alejan los tres y forman corrillo. Tras intercambiar unas palabras el médico se acerca con paso ligero.
- Le vamos a poner una inyección para adelantar el parto.
- Ni lo sueñe, doctor. Nunca la he necesitado.
- Pues, entonces, mujer, no se lo piense más. Adelante. Empuje con energía, que ya no es una primeriza.
- No sé…
Andrés tiene siete años. Llegó en el mejor momento. Ya teníamos la casa pagada y trabajábamos como dos purasangres. Muchas horas extra de regalo a nuestras compañías y ni una falta de asistencia. Todos los años teníamos bonus que gastábamos en unas espléndidas vacaciones.
- Este crío nos traerá mucha suerte- vaticinó mi marido.
- ¿Estás seguro?
- Mírale bien y dime lo que ves en su cara.
- Fortuna.
Se lo dije tras contemplar su plácido rostro y no me equivoqué. A los pocos días nos tocó un segundo premio en la lotería. Claudio tiene cuatro años. Al poco de nacer algo se empezó a torcer. Y no se lo achaco a él, pobrecito. Es la carita de un ángel. Si alguien ha visto uno alguna vez sabe a lo que me refiero. Lleva el pelo ensortijado, tiene una carita redonda y bondadosa, una nariz perfecta, una linda boca y esos ojos azules. Un buen día mi marido se encontró en la encrucijada: recorte de sueldo o a la calle. No le quedó otra que apechugar y esperar tiempos mejores. Pero con su carácter indómito sabía que tendríamos complicaciones. No se resigna a las nuevas condiciones que le ha impuesto la compañía. Y eso nos trae problemas. Hemos dejado de ser la pareja tocada por la buena suerte.
Cuando nos mostraron la ecografía estábamos tan contentos como unos padres primerizos. A mi marido y a mí todo nos ilusiona. Como si sucediera por primera vez. Un nacimiento es una primera y única vez. No hay un parto igual a otro. El ginecólogo y la comadrona siguen emocionándose. Ríen o lloran con cada criatura que traen a este mundo.
La nena es indomable. Hace fuerza y pugna por salir. Pero algo en mis entrañas se resiste. De mayor me cogerá manía. Toda la vida me recordará este retraso en echarla al mundo. Y argumentará que es la causa de su retraimiento, de la falta de amigos, en fin de no destacar en nada. Vivimos una época que no está para tirar cohetes. Para traer un niño al mundo hay que pensárselo. Cuando plantamos la semilla -no se me olvidará noche tan hermosa, tampoco a mi feliz marido- fuimos unos inconscientes. Pero creo que pocos eran los avisados sobre lo que se nos veía encima. Ellos lo sabían. Mi marido al menos así lo cree.
- Pudieron evitarlo.
- ¿Tú crees?
- Claro, mujer. Tenían todos los datos para saber que la situación era insostenible.
- Tal vez la tuvieran tan delante de los ojos que no supieron verla.
- La crisis estaba ahí, a la vuelta de la esquina. Delante de sus narices.
Esto es perturbador. Tanto mi marido como yo estamos desconcertados. Por eso no me gusta leer los periódicos ni ver la televisión. Sólo ofrecen testimonios desgarradores de gente sin empleo acompañados de una generosa oferta de trucos baratos para llegar a fin de mes. ¡Dios mío! porque pensaré estas cosas cuando la nena pide paso.
- Señora empuje, por favor. El tiempo apremia.
- Haz caso al doctor, cariño. Tengo muchas ganas de ver a la nena.
- No sé…
Cuando notamos el primer aviso empezamos a gastar menos, a prescindir de ciertos caprichos. Ahora nos quedamos en la ciudad y sólo escapamos a la playa una semana.
- El año próximo iremos al pueblo de mis padres.
- ¿Y la playa?
- Hay que ahorrar.
Mi marido se ha vuelto previsor, quien me lo iba a decir. Hace poco, con la disculpa de la nena, quería que compráramos un coche más grande.
- Más vale que estemos preparados. La situación puede empeorar.
- ¿Quién te lo ha dicho?
- Tengo amigos influyentes.
- Yo también leo los periódicos.
- ¿Qué quieres decir?
- “No será fácil ni rápido salir de este agujero”.
- Recitas a Obama como un loro.
- ¿Crees que fue sincero?
- Nada tenía que perder. La verdad cuanto más cruda mejor. Días después los periódicos recogieron otra profecía: “las cosas se pondrán peor, antes de que comiencen a mejorar”.
- ¿Crees que exagera?
- Al contrario. Lo veo muy comedido.
- Cariño, ¿me ocultas algo?
- Nada, mujer. ¿Qué adelantaría con negarte la realidad?
- Algunos lo han hecho.
- Sobre todo uno.
- Negó la mayor.
- Lo pagará muy caro.
- ¿Tú crees?
- No lo dudes.
- Este país es olvidadizo.
- No cuando le tocan el bolsillo.
Hubo un tiempo en que nos creíamos diferentes. Formábamos parte de una clase superior. Y ya se sabe los superhombres no tocan el suelo. Ahora pese a la caída podemos considerarnos afortunados.
- Cariño ¿en qué piensas?
- Cosas mías.
- La nena no puede esperar.
Mi marido me coge las manos y me mira turbado. Creo que presiente lo que me pasa.
- Algo hay que hacer. Tú mujer no está aquí. Está como ausente.
El médico prepara la epidural. La comadrona está alerta ante cualquier eventualidad.
- Cariño, regresa. Las crisis pasan.
- ¿Y la nena?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Qué mundo le espera?
- …
Mi marido se muerde los labios y no responde. ¡Dios mío, cuanta inconsciencia con la que está cayendo!
Empuje, que ya sale. Vamos, mujer. Un empujoncito y ya es nuestro. ¿Qué le sucede? Iba tan bien. Vamos, tranquilícese y volvemos a empezar. Respire hondo. Venga, ahora. No, así no, mujer. Lo está haciendo al revés. Algo va mal. No se duerma que ahora no es el mejor momento. Luego descansará todo lo que quiera, con el bebé sobre su pecho. Vamos, mujer. Un empujoncito y ya es nuestro.
No sé si merece la pena, la verdad es que estoy confundida. Y no es para menos. Todo iba sobre ruedas. Ya tengo dos hijos y esta sería la nena, la princesa de la casa. Pero no sé. El caso es que a mi marido pese a todo le veo muy ilusionado. Pero no sé si será consciente de que es una boca más que alimentar. Además, las nenas gastan mucho, son presumidas desde pequeñas y caprichosas, para qué vamos a engañarnos. A ella no le puedo poner nada de sus hermanos. Está bien eso de la moda unisex pero yo debo de ser muy antigua. Por ahí si que no paso. Claro está mi mentalidad me obliga a poner otra habitación para la niña. Un gasto extra que ahora no podemos permitirnos.
A mi marido está a punto de caérsele la baba. Espera embobado a verla salir. Le gustan mucho los niños. Creo que le quiero más que a nadie en el mundo. Ahora se ha puesto muy serio cuchicheando con el médico y la comadrona. Se alejan los tres y forman corrillo. Tras intercambiar unas palabras el médico se acerca con paso ligero.
- Le vamos a poner una inyección para adelantar el parto.
- Ni lo sueñe, doctor. Nunca la he necesitado.
- Pues, entonces, mujer, no se lo piense más. Adelante. Empuje con energía, que ya no es una primeriza.
- No sé…
Andrés tiene siete años. Llegó en el mejor momento. Ya teníamos la casa pagada y trabajábamos como dos purasangres. Muchas horas extra de regalo a nuestras compañías y ni una falta de asistencia. Todos los años teníamos bonus que gastábamos en unas espléndidas vacaciones.
- Este crío nos traerá mucha suerte- vaticinó mi marido.
- ¿Estás seguro?
- Mírale bien y dime lo que ves en su cara.
- Fortuna.
Se lo dije tras contemplar su plácido rostro y no me equivoqué. A los pocos días nos tocó un segundo premio en la lotería. Claudio tiene cuatro años. Al poco de nacer algo se empezó a torcer. Y no se lo achaco a él, pobrecito. Es la carita de un ángel. Si alguien ha visto uno alguna vez sabe a lo que me refiero. Lleva el pelo ensortijado, tiene una carita redonda y bondadosa, una nariz perfecta, una linda boca y esos ojos azules. Un buen día mi marido se encontró en la encrucijada: recorte de sueldo o a la calle. No le quedó otra que apechugar y esperar tiempos mejores. Pero con su carácter indómito sabía que tendríamos complicaciones. No se resigna a las nuevas condiciones que le ha impuesto la compañía. Y eso nos trae problemas. Hemos dejado de ser la pareja tocada por la buena suerte.
Cuando nos mostraron la ecografía estábamos tan contentos como unos padres primerizos. A mi marido y a mí todo nos ilusiona. Como si sucediera por primera vez. Un nacimiento es una primera y única vez. No hay un parto igual a otro. El ginecólogo y la comadrona siguen emocionándose. Ríen o lloran con cada criatura que traen a este mundo.
La nena es indomable. Hace fuerza y pugna por salir. Pero algo en mis entrañas se resiste. De mayor me cogerá manía. Toda la vida me recordará este retraso en echarla al mundo. Y argumentará que es la causa de su retraimiento, de la falta de amigos, en fin de no destacar en nada. Vivimos una época que no está para tirar cohetes. Para traer un niño al mundo hay que pensárselo. Cuando plantamos la semilla -no se me olvidará noche tan hermosa, tampoco a mi feliz marido- fuimos unos inconscientes. Pero creo que pocos eran los avisados sobre lo que se nos veía encima. Ellos lo sabían. Mi marido al menos así lo cree.
- Pudieron evitarlo.
- ¿Tú crees?
- Claro, mujer. Tenían todos los datos para saber que la situación era insostenible.
- Tal vez la tuvieran tan delante de los ojos que no supieron verla.
- La crisis estaba ahí, a la vuelta de la esquina. Delante de sus narices.
Esto es perturbador. Tanto mi marido como yo estamos desconcertados. Por eso no me gusta leer los periódicos ni ver la televisión. Sólo ofrecen testimonios desgarradores de gente sin empleo acompañados de una generosa oferta de trucos baratos para llegar a fin de mes. ¡Dios mío! porque pensaré estas cosas cuando la nena pide paso.
- Señora empuje, por favor. El tiempo apremia.
- Haz caso al doctor, cariño. Tengo muchas ganas de ver a la nena.
- No sé…
Cuando notamos el primer aviso empezamos a gastar menos, a prescindir de ciertos caprichos. Ahora nos quedamos en la ciudad y sólo escapamos a la playa una semana.
- El año próximo iremos al pueblo de mis padres.
- ¿Y la playa?
- Hay que ahorrar.
Mi marido se ha vuelto previsor, quien me lo iba a decir. Hace poco, con la disculpa de la nena, quería que compráramos un coche más grande.
- Más vale que estemos preparados. La situación puede empeorar.
- ¿Quién te lo ha dicho?
- Tengo amigos influyentes.
- Yo también leo los periódicos.
- ¿Qué quieres decir?
- “No será fácil ni rápido salir de este agujero”.
- Recitas a Obama como un loro.
- ¿Crees que fue sincero?
- Nada tenía que perder. La verdad cuanto más cruda mejor. Días después los periódicos recogieron otra profecía: “las cosas se pondrán peor, antes de que comiencen a mejorar”.
- ¿Crees que exagera?
- Al contrario. Lo veo muy comedido.
- Cariño, ¿me ocultas algo?
- Nada, mujer. ¿Qué adelantaría con negarte la realidad?
- Algunos lo han hecho.
- Sobre todo uno.
- Negó la mayor.
- Lo pagará muy caro.
- ¿Tú crees?
- No lo dudes.
- Este país es olvidadizo.
- No cuando le tocan el bolsillo.
Hubo un tiempo en que nos creíamos diferentes. Formábamos parte de una clase superior. Y ya se sabe los superhombres no tocan el suelo. Ahora pese a la caída podemos considerarnos afortunados.
- Cariño ¿en qué piensas?
- Cosas mías.
- La nena no puede esperar.
Mi marido me coge las manos y me mira turbado. Creo que presiente lo que me pasa.
- Algo hay que hacer. Tú mujer no está aquí. Está como ausente.
El médico prepara la epidural. La comadrona está alerta ante cualquier eventualidad.
- Cariño, regresa. Las crisis pasan.
- ¿Y la nena?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Qué mundo le espera?
- …
Mi marido se muerde los labios y no responde. ¡Dios mío, cuanta inconsciencia con la que está cayendo!
martes, 22 de junio de 2010
Recordatorios
Que tengan que recordarte que es el Día contra la Explotación Infantil, el Día contra la Violencia de Género, el Día de la Tierra... indica que los humanos tenemos una memoria endeble.
Y es una pena que traten de recordarnos que esos días debemos hacer el bien. Como si los otros fueran los días para hacer el mal.
Y es una pena que traten de recordarnos que esos días debemos hacer el bien. Como si los otros fueran los días para hacer el mal.
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