La primera regla que no debe olvidarse para cazar a alguien es (primero y antes que nada) manchar su expediente: calumnia que algo queda. Luego, una vez que está convenientemente manchado, a él (o al colectivo) corresponde demostrar su inocencia, ingenuidad o tal vez buena intención pese el caos provocado.
El mundo trata de asimilar el caos que le ha provocado una masiva indigestión de exclusivas (para algunos cotilleos de salón) de wikileaks y España, además, suma a esta indigestión la provocada por los controladores aéreos (condenados, juzgados y linchados en la RED).
Julian Assange y los controladores son hoy piezas abatidas. Estaban marcados y sólo había que cazarlos sin remisión. Al primero se le manchó con un presunto delito sexual (que va de la violación a no usar preservativo- aquí la prensa roza el ridículo al no ponerse de acuerdo); a los controladores se les tiznó con sus soberbios sueldos (un CR9 gana diez veces más y no es responsable de vidas humanas) y se les echó a los leones. Ahora el colectivo pide disculpas tras el daño causado. Un daño ya irreparable para los que lo han sufrido en carne propia (enfermos, niños...) y que -ironías de la vida- el Gobierno trata ahora de minusvalorar: no fue tanto el causado al turismo, a la imagen de España...
Piezas abatidas al fin, pero que seguirán dando mucho que hablar. Y que demuestran una vez más que el mundo es un pequeño patio de vecinos.
Aquí se trata de contar la realidad sin la doble moral que pervierte al periodismo actual.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
sábado, 4 de diciembre de 2010
La madre del controlador
Desde primera hora de la mañana del viernes estaba nerviosa. Cada poco sonaba el móvil y mediante susurros se comunicaba con su hijo. Horas después supimos la razón. Blanco y en botella.
El ministro de Fomento se quedó tan lívido como su apellido. Los controladores a los que presumía de haber domesticado se la habían jugado. Lo increíble es que nadie -no digo ya el CNI- tuviera bajo vigilancia a un colectivo considerado de 'alto riesgo'. C., madre de uno de los presuntos implicados, estaba al tanto de lo que se cocía, familiares y amigos de otros, también. El Gobierno a verlas venir.
Lamentablemente para ellas estas madres -las de los controladores- serán mentadas demasiadas veces en los próximos días.
El ministro de Fomento se quedó tan lívido como su apellido. Los controladores a los que presumía de haber domesticado se la habían jugado. Lo increíble es que nadie -no digo ya el CNI- tuviera bajo vigilancia a un colectivo considerado de 'alto riesgo'. C., madre de uno de los presuntos implicados, estaba al tanto de lo que se cocía, familiares y amigos de otros, también. El Gobierno a verlas venir.
Lamentablemente para ellas estas madres -las de los controladores- serán mentadas demasiadas veces en los próximos días.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
¿HA MATADO EL PERIODISMO WIKILEAKS?
Sus informaciones sirven a muchos Gobiernos para trenzar cortinas de humo y desviar la atención sobre sus verdaderos problemas (el paro endémico en España). Y que sucederá si mañana, por poner un ejemplo, hay una filtración sobre los propietarios de Liberty (el nuevo accionista de Prisa)…
¿Ha muerto el oficio de periodista artesanal? ¿Ahora todos vamos a bailar el son de wikileaks?
¿Por cuánto tiempo estaremos en manos de la megamáquina –como diría Julian Assange- de fabricar exclusivas mundiales, nodriza de los grandes medios de comunicación (ávidos de su revelaciones). ¿Qué oscuras maniobras ahí detrás? ¿Han dejado de ser intocables los poderosos? ¿Por qué esperar al año que viene para contar el trasunto del gran banco norteamericano? (escándalo con mecha retardada) ¿Por qué secuestrar un hecho que parece tan relevante a la opinión pública (¿por qué anunciarlo con antelación? ¿qué se persigue?) ¿Por qué los grandes medios se han puesto el uniforme wikileaks? Creen haber encontrado Eldorado. Es como si asistiéramos a una conspiración planetaria…¿Me siguen?
El caramelo (envenenado) se me deshace en la boca.
lunes, 29 de noviembre de 2010
¿Dónde pongo el foco hoy?
Lástima de periodismo mal entendido (que no está al servicio del ciudadano).
Tan claro como el agua que hoy tendría que ser el semblante (descompuesto?) del presidente Zapatero el mensaje para los ciudadanos españoles. Tras la derrota en Cataluña a manos de Artur Mas, Zapatero se ha convertido en el jinete sin cabeza.
"Zapatero está acabado y debe ser sustituido"
Tan claro como el agua que hoy tendría que ser el semblante (descompuesto?) del presidente Zapatero el mensaje para los ciudadanos españoles. Tras la derrota en Cataluña a manos de Artur Mas, Zapatero se ha convertido en el jinete sin cabeza.
"Zapatero está acabado y debe ser sustituido"
"Su crédito se ha acabado y no hay indicios de que pueda recuperarlo. Por consiguiente, lo más sensato sería convocar elecciones. Zapatero está amortizado y debería ser sustituido; sustituido por alguien del PSOE para después ir a elecciones..."
Titular y entrecomillado corresponden a una entrevista realizada a Artur Mas en la Plaza Mayor de Madrid por un periodista de La Vanguardia (9/5/2010). ¿Profético? ¿Adivino? el nuevo presidente de la Generalitat para final de año. Más bien tiene sentido común.
Sin embargo, ¿dónde estaba hoy el foco de la prensa española? El País lo ha suplantado con su Wikileaks.
Al ciudadano con la que está cayendo le interesa más conocer el mañana de su país. Menos Wikileaks (tan interesante la información que el foco deslumbra) y más pequeños Wikileaks de por qué no se ataja el paro en España. ¿Quiénes son los culpables? Ahí es donde debe estar el foco. Arrecia el frío y hay españoles que mueren por culpa del desempleo. ¿A qué esperamos para reaccionar? O mejor nos dejamos sepultar por otra tonelada de Wikileaks. En fin, mejor no seguir, el partido se aproxima...
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Sólo un empujón
El charco de sangre se iba espesando sobre el pavimento, dejando un olor acre y dulzón en el aire. Sentado al lado del cuerpo y cogiéndole una mano que aún se movía, repetía una y otra vez: que nadie la toque, es solo mía. Un remolino de curiosos con la cobardía pintada en el rostro se mantenía a distancia mientra la hoja del cuchillo brillaba ensangrentada.
El coche de policía asomó por la avenida. Juan C. la estrechó entre sus brazos y derramó un par de lágrimas. Tardé en llegar cinco minutos pero ya estaba muerta. La habían cubierto con ese plástico color oro que nunca deseamos ver. Dos policías husmeaban en los rastros de sangre. El presunto asesino, su marido, había desaparecido. Corrió como un demente en dirección al acantilado. Eso me dijo la primera persona con la que hablé. Merodeaba cerca del cadáver y se la veía con ganas de hablar. La invité a un café y al ver mi grabadora se explayó a hablar sin que le preguntara. Casualmente era la vecina del segundo, la víctima habitaba el tercero del que me dijo que día si día también le llegaba el ruido de los golpes que él la propinaba. Llegaron hace siete años. Eran una pareja encantadora. Él era un poco reservado pero ella derrochaba simpatía. Eran muy jóvenes y tenían grandes ilusiones. Tener niños lo primero de todo. Como yo soy viuda y estoy muy sola agradecí la compañía de la nueva vecina. No tardó en invitarme a su casa.
- Encarna, sube que he preparado un café muy bueno.
- Enseguida, Carmen, déjame que tienda la colada.
- ¿Y tú marido?
- No te preocupes que hoy llegará tarde. Podemos hablar todo el tiempo que quieras.
- Trabaja demasiado.
- No hay más remedio si queremos cumplir nuestros sueños.
El periodista la escucha si alterarse. Parece una historia más. Hasta ahora no tiene una idea clara de cómo escribir la crónica para que sea original y diferente. No quiere ser un vulgar gacetillero.
- Fíjese que yo al final era casi de la familia- le confiesa la vecina mientras hurga en el bolso buscando el pañuelo.
-¿Por qué la mató?
-No le encuentro explicación. Ambos eran adorables.
-Pero me dijo que la pegaba, que usted escuchaba el ruido de los golpes por la noche.
-Sí, no voy a negarlo. La maltrataba. Pero antes de eso él era una buena persona. Educado, alegre, amable, seductor, solidario, atento, respetuoso y casi no me llegan los dedos de las dos manos para los calificativos. Pero le daban prontos, ya sabe.
-¿Y ella? ¿No se quejaba?
-Claro, tampoco era una mártir. Al día siguiente me enseñaba los moratones pero pese a todo la veía feliz.
-Me está tomando el pelo. ¿Cómo feliz?
-Estaba en una nube. Seguía muy enamorada. Aunque era consciente de que el infierno se acercaba.
-Usted habló con él.
-¿Con su marido? Claro. Un día me lo encontré de frente y le afeé su conducta. Me invitó a un café. Estuvo todo el tiempo sonriente, y tan simpático que no veía en él a la persona que gritaba y golpeaba en el piso de arriba. Me dijo que no recordaba haberla pegado, que tal vez le hubiera dado un empujón, casi en broma. Como un juego de niños. Tampoco habló mucho, ya le dije que era reservado. A Carmen le dolió el primer empujón más que una paliza. Sintió que acababa de perder a su marido. Trató de olvidar el grave incidente, como si nunca hubiera existido. Pero cada vez que notaba la mano de él en su espalda se estremecía. Desde aquél día ya no pudo mirarle como antes. El cariño empezó a menguar. Ya no le quiero, se dijo. Pero aturdida desechó el pensamiento como si fuera una nube negra fruto de la ofuscación.
-Entonces, el marido le negó a usted que la pegara. ¿No es cierto?
-No lo recordaba. Al menos eso decía poniendo cara de no haber roto un plato. Ella empezó a cambiar desde el primer golpe.
-¿Qué quiere decir?
-Adelgazó de forma exagerada. Le entraban temblores y miraba para atrás como si alguien la siguiera. Sin embargo, insistía en que era feliz y hasta lo parecía.
-Pero…
-Un día me preguntó muy seria: ¿Tú crees que estoy loca? Entonces me di cuenta de la gravedad de la situación. Su marido después de aquél empujón la insultaba y se burlaba. Empezó a mostrarse insegura y ya no reía.
-¿Porqué a mí? ¿Cómo me puede estar pasando esto?
-Denúncialo, Carmen.
-¿De qué me servirá?
-Dejará de pegarte, de acosarte…
-Habré roto mi familia.
Según hablaba la mujer el periodista iba componiendo los titulares. Ya tenía pensado como empezar el texto. Nada de nueva víctima de la violencia de género, nada de la muerta hace el número ochenta y tantos. No, él necesitaba algo diferente. Era su primera crónica de sucesos y no podía fallar. Debía de llamar la atención, que los lectores percibieran algo más que el espíritu de un plumilla y sobre todo que el director fuera consciente de que estaba ante un nuevo Truman Capote. Tenía que elevar el suceso a la categoría de arte y para ello debía hacer un retrato original de la atmósfera familiar, descubrir al lector los sórdidos detalles que habitualmente se escapan y que hábilmente ocultan las parejas encantadoras.
"Eran adorables. Él, reservado y muy trabajador. Ella, habladora y feliz. Tenían proyectos tan sencillos y naturales como tener hijos. Pero un día la relación se envenenó. Tal vez porque ella le reprochara algo, entonces él la empujó ligeramente, riéndose. Y todo empezó a rodar cuesta abajo. La mujer empezó a perder la cabeza.”
-¿Cuándo empezaron los golpes?
-Al poco de llegar.
-¿Y ella?
-Como amiga me lo confesaba todo, sin guardarse nada. Sufría ante sus inesperados ataques de ira pero no podía pararlos. No sabía como.
Encarna le da vueltas al pañuelo mientras recuerda una de tantas charlas con Carmen.
-Juan está muy susceptible, salta por cualquier tontería.
-¿Y que te dice?
-Que no puede evitarlo.
-Pero mujer…
-Luego me trae flores y me pide perdón como un perro apaleado. Y yo, tonta de mí, le perdono. Me da tanta pena. Y, además, le quiero tanto.
-Pero mujer…
-Todo se arreglará.
-Un día te matará.
El periodista observa tras el ventanal de la cafetería el cadáver tirado en la acera, cubierto por el plástico dorado.
-¿Tanto le quería?
-No lo sabe usted bien. Si los viera por la calle. Ella iba cogida del brazo y le miraba como si fuera el único hombre en la tierra. Se querían mucho, esa es la verdad.
-Hay amores que matan.
-Y tanto.
- Sabe, tenía un diario. Escribía todos los días. Lo empezó el día en que él le dio el primer empujón. Era su vía de escape.
-¿Lo tiene usted?
-Me lo entregó la difunta cuando intuyó que podía ser el final. Pero no se lo puedo dar así como así.
-No la comprendo.
-No se haga el tonto. Quiero dinero.
El periodista echa mano de la cartera y saca unos billetes. Ella los mira ruborizada.
- Esto es lo más que estoy autorizado a darle.
Diario atribuido a Carmen
“ Hoy me ha hecho perder el equilibrio. Está enfadado y la paga conmigo. Dice que le he defraudado y que sólo soy escoria. No acabo de entenderle. Hago lo mejor que puedo lo que me pide. Él me golpea. Pese a todo le quiero con toda mi alma. Sin él, me volvería loca. Creo que empiezo a perder la cabeza. Tal vez él tenga razón y soy tonta, una nulidad, un desecho como me llama escupiendo las palabras. Siento que la felicidad se me escapa…”
Cuando leí lo que el periódico decía de mi hija estuve tentada de estrangular a ese periodista. Lo pensé mejor y cuando me llamó por teléfono en busca de carnaza- ¡para qué si no iba a llamarme!- le dije que aceptaba una entrevista. Era la única oportunidad que tenía de devolver a mi hija el honor perdido. El muy canalla había escrito que estaba perdiendo la cabeza. ¿Quién va a creer a una loca? Con lo sensata que siempre ha sido mi hija. Y hasta se ha atrevido publicar un diario atribuido a mi niña. Me dio el pésame, cohibido, mientras me entregaba un ramo de flores. Pero yo sé que éstos periodistas vienen ya muy aleccionados para hurgar en la miseria.
-¿Estarás contento de lo que estás contando? Todas esas mentiras sobre mi pobre hija me están haciendo mucho daño.
-Señora, yo he indagado y escribo lo que sus allegados me han contado.
-Mi hija no era de contar su vida a extraños. Para sus cosas era muy reservada.
-Tenía motivos para desahogarse. Y lo hizo con una vecina.
-Nunca me dijo que tuviera una amiga en el edificio.
-Encarna me comentó que era la mejor amiga de su hija.
-Yo la visitaba con frecuencia y mi hija nunca mencionó a ninguna Encarna. Ninguna vecina apareció por la casa. Mi hija con quien de verdad se confesó fue conmigo, con su madre. Las madres somos las únicas que, en casos así, podemos dar apoyo y consuelo. Y también ejemplo por lo que hemos pasado.
-¿Qué quiere decir?
-Antes de que se hablara de la violencia de género yo la padecí en mis carnes.
-¿Su marido le pegaba?
-Y antes mi padre. Entonces era así. Debería saberlo. Si llegaba tarde a casa era una puta para mi padre. Si lo hacía cuando vivía con mi marido, porque me quedaba un rato con las amigas, más puta todavía.
-Entiendo.
-Perdone, pero no creo que entienda nada. Mi hija empezó a vivir ese ambiente desde pequeñita. Lo que no esperaba la pobre es que su marido fuera otro de tantos.
-Todos perdemos los nervios alguna vez. Se nos escapa un cachete…
-No sea majadero. Mi hija ha pasado un verdadero calvario y ahora encima la está vilipendiando.
-La entiendo. Está molesta.
- Pues no lo parece cuando escribe lo que escribe. A ver qué publica ahora de todo esto. Si he consentido en verle es para limpiar el honor de mi hija. Ella nunca le provocó ni le dio argumentos para que la maltratara. Y además si lo hubiera hecho no es para responder como él lo hizo. La pobre no pudo entender dónde se metía. Con la primera bofetada el mundo se le cayó encima.
- No es lo que dice en su diario.
- Ahí quería llegar yo. Tenía un diario, sí y me lo entregó para que lo guardara bajo siete llaves si algo le pasaba. Ese diario que publica su periódico es inventado. Esa no es la letra de mi hija.
- ¿Entonces?
- Se ha dejado engañar por una mujer necesitada de protagonismo. Y tal vez haya dinero por medio. Usted es un pobre imbécil. Nos veremos en los tribunales.
El periodista, recién casado, es interpelado por su mujer a la hora del desayuno.
- He leído tu crónica. Me parece una canallada.
- No te entiendo. ¿Qué quieres decir?
- Has denigrado a esa mujer. Además de muerta, difamada. No sabía que fueras tan rastrero. ¿Cómo puedes calificar de loca a alguien que ya no puede defenderse?
- Pero que sabrás tú de esta historia si hasta el director me ha felicitado.
- Y con eso limpias tu conciencia. El director es otro patán que sólo busca vender más periódicos.
- ¡Cállate imbécil! La mesa tiembla ante la violencia del puñetazo.
- Sí, vete a la calle. A ver con que nuevas mentiras regresas. Después de llamar insistentemente al segundo piso le abre la puerta una señora mayor.
- ¿Encarna?
- Aquí no vive ninguna Encarna, hijo mío. Usted pregunta por la maltratada.
- ¿Cómo la maltratada?
- Sí, joven. Encarna es famosa en el barrio porque perdió la cabeza por las palizas de su marido. La pobre estaba muy enamorada. Fue la primera maltratada de la que tuvimos conocimiento en el barrio. Nunca se recuperará. Y lo triste es que sigue pensando que le quiere. Y hasta espera su regreso.
- Me habla de una mujer de unos cuarenta años, rubia y menuda, con unos grandes ojos verdes.
- ¿De quien si no?
El periodista solo se hace una pregunta: ¿Cuántas personas pueden deambular en torno a un cadáver y presentarse como su íntimo? Diario de Carmen (entregado a su madre) “ Creo que nunca me recuperaré. Lo del empujón es lo de menos, lo que me duele es que este lamentable incidente nos separará para siempre. Yo no voy a soportar que esto me suceda. No quiero ser una nulidad. Lo último que quiero es acabar en una casa de acogida. Si ahora me dejo machacar difícilmente podré levantar cabeza. No recuerdo que prendió la chispa, sólo que estoy en un incendio. Y no me siento bien…”
Epílogo
"Querida, debe quedarte muy claro: contigo voy a aplastar hasta la última brizna de hierba. No es un aviso sino una amenaza: clara y rotunda. Luego que no digan los de siempre que me querías hasta la muerte y que nunca te creíste pudiera llegar hasta el final. Para que lo sepas, guardo un álbum de todas, he conseguido su retrato de la televisión –de los benditos programas del corazón- o de los periódicos. Todas las noches me entretengo en ponerlas en un panel y observaros detenidamente. Y he llegado a una sabia conclusión: os lo merecéis. Vuestro rostro parece que lo está pidiendo y es que ya son muchos años de aguantaros a vosotras, a nuestras madres, a las abuelas. Llega un momento en que la válvula a presión se dispara y actuamos. Y lo hacemos con todas las consecuencias- no nos importa perder la vida- y a conciencia. Muy pocas veces erramos. Desde pequeños nos han enseñado de vuestra debilidad y de vuestras malas artes para conjurarnos. No creas que estoy solo. Somos ya un ejército. El día que nos juntemos incendiaremos hasta las piedras que os dan cobijo. Sé que contáis con poderosos cómplices pero de nada os servirán. Ya habréis comprobado que somos inmunes a órdenes de alejamiento, pulseras electrónicas y demás artilugios. Y es que cuando queremos algo vamos a por ello. Sin pararnos en nada. Y más todavía cuando sois tan insolentes de mostraros tan vivas y erguidas. ¡De rodillas! Ese debe ser vuestro destino. Y aún después de muertos, tenemos ganada la batalla". (Carta manuscrita del marido, encontrada entre las pertenencias de la muerta)
El coche de policía asomó por la avenida. Juan C. la estrechó entre sus brazos y derramó un par de lágrimas. Tardé en llegar cinco minutos pero ya estaba muerta. La habían cubierto con ese plástico color oro que nunca deseamos ver. Dos policías husmeaban en los rastros de sangre. El presunto asesino, su marido, había desaparecido. Corrió como un demente en dirección al acantilado. Eso me dijo la primera persona con la que hablé. Merodeaba cerca del cadáver y se la veía con ganas de hablar. La invité a un café y al ver mi grabadora se explayó a hablar sin que le preguntara. Casualmente era la vecina del segundo, la víctima habitaba el tercero del que me dijo que día si día también le llegaba el ruido de los golpes que él la propinaba. Llegaron hace siete años. Eran una pareja encantadora. Él era un poco reservado pero ella derrochaba simpatía. Eran muy jóvenes y tenían grandes ilusiones. Tener niños lo primero de todo. Como yo soy viuda y estoy muy sola agradecí la compañía de la nueva vecina. No tardó en invitarme a su casa.
- Encarna, sube que he preparado un café muy bueno.
- Enseguida, Carmen, déjame que tienda la colada.
- ¿Y tú marido?
- No te preocupes que hoy llegará tarde. Podemos hablar todo el tiempo que quieras.
- Trabaja demasiado.
- No hay más remedio si queremos cumplir nuestros sueños.
El periodista la escucha si alterarse. Parece una historia más. Hasta ahora no tiene una idea clara de cómo escribir la crónica para que sea original y diferente. No quiere ser un vulgar gacetillero.
- Fíjese que yo al final era casi de la familia- le confiesa la vecina mientras hurga en el bolso buscando el pañuelo.
-¿Por qué la mató?
-No le encuentro explicación. Ambos eran adorables.
-Pero me dijo que la pegaba, que usted escuchaba el ruido de los golpes por la noche.
-Sí, no voy a negarlo. La maltrataba. Pero antes de eso él era una buena persona. Educado, alegre, amable, seductor, solidario, atento, respetuoso y casi no me llegan los dedos de las dos manos para los calificativos. Pero le daban prontos, ya sabe.
-¿Y ella? ¿No se quejaba?
-Claro, tampoco era una mártir. Al día siguiente me enseñaba los moratones pero pese a todo la veía feliz.
-Me está tomando el pelo. ¿Cómo feliz?
-Estaba en una nube. Seguía muy enamorada. Aunque era consciente de que el infierno se acercaba.
-Usted habló con él.
-¿Con su marido? Claro. Un día me lo encontré de frente y le afeé su conducta. Me invitó a un café. Estuvo todo el tiempo sonriente, y tan simpático que no veía en él a la persona que gritaba y golpeaba en el piso de arriba. Me dijo que no recordaba haberla pegado, que tal vez le hubiera dado un empujón, casi en broma. Como un juego de niños. Tampoco habló mucho, ya le dije que era reservado. A Carmen le dolió el primer empujón más que una paliza. Sintió que acababa de perder a su marido. Trató de olvidar el grave incidente, como si nunca hubiera existido. Pero cada vez que notaba la mano de él en su espalda se estremecía. Desde aquél día ya no pudo mirarle como antes. El cariño empezó a menguar. Ya no le quiero, se dijo. Pero aturdida desechó el pensamiento como si fuera una nube negra fruto de la ofuscación.
-Entonces, el marido le negó a usted que la pegara. ¿No es cierto?
-No lo recordaba. Al menos eso decía poniendo cara de no haber roto un plato. Ella empezó a cambiar desde el primer golpe.
-¿Qué quiere decir?
-Adelgazó de forma exagerada. Le entraban temblores y miraba para atrás como si alguien la siguiera. Sin embargo, insistía en que era feliz y hasta lo parecía.
-Pero…
-Un día me preguntó muy seria: ¿Tú crees que estoy loca? Entonces me di cuenta de la gravedad de la situación. Su marido después de aquél empujón la insultaba y se burlaba. Empezó a mostrarse insegura y ya no reía.
-¿Porqué a mí? ¿Cómo me puede estar pasando esto?
-Denúncialo, Carmen.
-¿De qué me servirá?
-Dejará de pegarte, de acosarte…
-Habré roto mi familia.
Según hablaba la mujer el periodista iba componiendo los titulares. Ya tenía pensado como empezar el texto. Nada de nueva víctima de la violencia de género, nada de la muerta hace el número ochenta y tantos. No, él necesitaba algo diferente. Era su primera crónica de sucesos y no podía fallar. Debía de llamar la atención, que los lectores percibieran algo más que el espíritu de un plumilla y sobre todo que el director fuera consciente de que estaba ante un nuevo Truman Capote. Tenía que elevar el suceso a la categoría de arte y para ello debía hacer un retrato original de la atmósfera familiar, descubrir al lector los sórdidos detalles que habitualmente se escapan y que hábilmente ocultan las parejas encantadoras.
"Eran adorables. Él, reservado y muy trabajador. Ella, habladora y feliz. Tenían proyectos tan sencillos y naturales como tener hijos. Pero un día la relación se envenenó. Tal vez porque ella le reprochara algo, entonces él la empujó ligeramente, riéndose. Y todo empezó a rodar cuesta abajo. La mujer empezó a perder la cabeza.”
-¿Cuándo empezaron los golpes?
-Al poco de llegar.
-¿Y ella?
-Como amiga me lo confesaba todo, sin guardarse nada. Sufría ante sus inesperados ataques de ira pero no podía pararlos. No sabía como.
Encarna le da vueltas al pañuelo mientras recuerda una de tantas charlas con Carmen.
-Juan está muy susceptible, salta por cualquier tontería.
-¿Y que te dice?
-Que no puede evitarlo.
-Pero mujer…
-Luego me trae flores y me pide perdón como un perro apaleado. Y yo, tonta de mí, le perdono. Me da tanta pena. Y, además, le quiero tanto.
-Pero mujer…
-Todo se arreglará.
-Un día te matará.
El periodista observa tras el ventanal de la cafetería el cadáver tirado en la acera, cubierto por el plástico dorado.
-¿Tanto le quería?
-No lo sabe usted bien. Si los viera por la calle. Ella iba cogida del brazo y le miraba como si fuera el único hombre en la tierra. Se querían mucho, esa es la verdad.
-Hay amores que matan.
-Y tanto.
- Sabe, tenía un diario. Escribía todos los días. Lo empezó el día en que él le dio el primer empujón. Era su vía de escape.
-¿Lo tiene usted?
-Me lo entregó la difunta cuando intuyó que podía ser el final. Pero no se lo puedo dar así como así.
-No la comprendo.
-No se haga el tonto. Quiero dinero.
El periodista echa mano de la cartera y saca unos billetes. Ella los mira ruborizada.
- Esto es lo más que estoy autorizado a darle.
Diario atribuido a Carmen
“ Hoy me ha hecho perder el equilibrio. Está enfadado y la paga conmigo. Dice que le he defraudado y que sólo soy escoria. No acabo de entenderle. Hago lo mejor que puedo lo que me pide. Él me golpea. Pese a todo le quiero con toda mi alma. Sin él, me volvería loca. Creo que empiezo a perder la cabeza. Tal vez él tenga razón y soy tonta, una nulidad, un desecho como me llama escupiendo las palabras. Siento que la felicidad se me escapa…”
Cuando leí lo que el periódico decía de mi hija estuve tentada de estrangular a ese periodista. Lo pensé mejor y cuando me llamó por teléfono en busca de carnaza- ¡para qué si no iba a llamarme!- le dije que aceptaba una entrevista. Era la única oportunidad que tenía de devolver a mi hija el honor perdido. El muy canalla había escrito que estaba perdiendo la cabeza. ¿Quién va a creer a una loca? Con lo sensata que siempre ha sido mi hija. Y hasta se ha atrevido publicar un diario atribuido a mi niña. Me dio el pésame, cohibido, mientras me entregaba un ramo de flores. Pero yo sé que éstos periodistas vienen ya muy aleccionados para hurgar en la miseria.
-¿Estarás contento de lo que estás contando? Todas esas mentiras sobre mi pobre hija me están haciendo mucho daño.
-Señora, yo he indagado y escribo lo que sus allegados me han contado.
-Mi hija no era de contar su vida a extraños. Para sus cosas era muy reservada.
-Tenía motivos para desahogarse. Y lo hizo con una vecina.
-Nunca me dijo que tuviera una amiga en el edificio.
-Encarna me comentó que era la mejor amiga de su hija.
-Yo la visitaba con frecuencia y mi hija nunca mencionó a ninguna Encarna. Ninguna vecina apareció por la casa. Mi hija con quien de verdad se confesó fue conmigo, con su madre. Las madres somos las únicas que, en casos así, podemos dar apoyo y consuelo. Y también ejemplo por lo que hemos pasado.
-¿Qué quiere decir?
-Antes de que se hablara de la violencia de género yo la padecí en mis carnes.
-¿Su marido le pegaba?
-Y antes mi padre. Entonces era así. Debería saberlo. Si llegaba tarde a casa era una puta para mi padre. Si lo hacía cuando vivía con mi marido, porque me quedaba un rato con las amigas, más puta todavía.
-Entiendo.
-Perdone, pero no creo que entienda nada. Mi hija empezó a vivir ese ambiente desde pequeñita. Lo que no esperaba la pobre es que su marido fuera otro de tantos.
-Todos perdemos los nervios alguna vez. Se nos escapa un cachete…
-No sea majadero. Mi hija ha pasado un verdadero calvario y ahora encima la está vilipendiando.
-La entiendo. Está molesta.
- Pues no lo parece cuando escribe lo que escribe. A ver qué publica ahora de todo esto. Si he consentido en verle es para limpiar el honor de mi hija. Ella nunca le provocó ni le dio argumentos para que la maltratara. Y además si lo hubiera hecho no es para responder como él lo hizo. La pobre no pudo entender dónde se metía. Con la primera bofetada el mundo se le cayó encima.
- No es lo que dice en su diario.
- Ahí quería llegar yo. Tenía un diario, sí y me lo entregó para que lo guardara bajo siete llaves si algo le pasaba. Ese diario que publica su periódico es inventado. Esa no es la letra de mi hija.
- ¿Entonces?
- Se ha dejado engañar por una mujer necesitada de protagonismo. Y tal vez haya dinero por medio. Usted es un pobre imbécil. Nos veremos en los tribunales.
El periodista, recién casado, es interpelado por su mujer a la hora del desayuno.
- He leído tu crónica. Me parece una canallada.
- No te entiendo. ¿Qué quieres decir?
- Has denigrado a esa mujer. Además de muerta, difamada. No sabía que fueras tan rastrero. ¿Cómo puedes calificar de loca a alguien que ya no puede defenderse?
- Pero que sabrás tú de esta historia si hasta el director me ha felicitado.
- Y con eso limpias tu conciencia. El director es otro patán que sólo busca vender más periódicos.
- ¡Cállate imbécil! La mesa tiembla ante la violencia del puñetazo.
- Sí, vete a la calle. A ver con que nuevas mentiras regresas. Después de llamar insistentemente al segundo piso le abre la puerta una señora mayor.
- ¿Encarna?
- Aquí no vive ninguna Encarna, hijo mío. Usted pregunta por la maltratada.
- ¿Cómo la maltratada?
- Sí, joven. Encarna es famosa en el barrio porque perdió la cabeza por las palizas de su marido. La pobre estaba muy enamorada. Fue la primera maltratada de la que tuvimos conocimiento en el barrio. Nunca se recuperará. Y lo triste es que sigue pensando que le quiere. Y hasta espera su regreso.
- Me habla de una mujer de unos cuarenta años, rubia y menuda, con unos grandes ojos verdes.
- ¿De quien si no?
El periodista solo se hace una pregunta: ¿Cuántas personas pueden deambular en torno a un cadáver y presentarse como su íntimo? Diario de Carmen (entregado a su madre) “ Creo que nunca me recuperaré. Lo del empujón es lo de menos, lo que me duele es que este lamentable incidente nos separará para siempre. Yo no voy a soportar que esto me suceda. No quiero ser una nulidad. Lo último que quiero es acabar en una casa de acogida. Si ahora me dejo machacar difícilmente podré levantar cabeza. No recuerdo que prendió la chispa, sólo que estoy en un incendio. Y no me siento bien…”
Epílogo
"Querida, debe quedarte muy claro: contigo voy a aplastar hasta la última brizna de hierba. No es un aviso sino una amenaza: clara y rotunda. Luego que no digan los de siempre que me querías hasta la muerte y que nunca te creíste pudiera llegar hasta el final. Para que lo sepas, guardo un álbum de todas, he conseguido su retrato de la televisión –de los benditos programas del corazón- o de los periódicos. Todas las noches me entretengo en ponerlas en un panel y observaros detenidamente. Y he llegado a una sabia conclusión: os lo merecéis. Vuestro rostro parece que lo está pidiendo y es que ya son muchos años de aguantaros a vosotras, a nuestras madres, a las abuelas. Llega un momento en que la válvula a presión se dispara y actuamos. Y lo hacemos con todas las consecuencias- no nos importa perder la vida- y a conciencia. Muy pocas veces erramos. Desde pequeños nos han enseñado de vuestra debilidad y de vuestras malas artes para conjurarnos. No creas que estoy solo. Somos ya un ejército. El día que nos juntemos incendiaremos hasta las piedras que os dan cobijo. Sé que contáis con poderosos cómplices pero de nada os servirán. Ya habréis comprobado que somos inmunes a órdenes de alejamiento, pulseras electrónicas y demás artilugios. Y es que cuando queremos algo vamos a por ello. Sin pararnos en nada. Y más todavía cuando sois tan insolentes de mostraros tan vivas y erguidas. ¡De rodillas! Ese debe ser vuestro destino. Y aún después de muertos, tenemos ganada la batalla". (Carta manuscrita del marido, encontrada entre las pertenencias de la muerta)
martes, 23 de noviembre de 2010
HUMOR NEGRO: MARISCADA PARA POBRES
Más de 1.300 gallegos sobreviven gracias a los comedores sociales, titulaba ayer La Voz de Galicia. Leche, arroz, pollo, pan, pasta, galletas o cereales constituyen el menú básico de estas personas en apuros, relataba el diario.
"La demanda de ayuda social crece en Galicia, amenazando con desbordar las arcas de concellos y oenegés. Cada mes, según las estimaciones realizadas a partir de los datos facilitados por los distintos bancos de alimentos que hay en la comunidad y por colectivos como la Fundación Amigos de Galicia, más de 56.000 familias reciben víveres para aliviar la factura de la cesta de la compra y poder comer cada día. Leche, arroz, pasta, galletas, cacao, pollo, pan, verduras, batidos o cereales son algunos de los productos que reciben. Algunos son excedentes de la UE. Otros son donativos que hacen empresas o particulares"
Lo realmente grave era que sin quererlo en la edición on line de La Voz de Galicia, la noticia aparecía como se recoge en el pantallazo de arriba con esta publicidad:
Gana una mariscada. Entra en el sorteo de suculentas mariscadas. ¡Entra y regístrate!
El enlace de hoy lleva debajo a las horas de colgar esta noticia:
Comida Gallega
Aprovechate de la crisis come en Madrid a Precios de Galicia solo en...
"La demanda de ayuda social crece en Galicia, amenazando con desbordar las arcas de concellos y oenegés. Cada mes, según las estimaciones realizadas a partir de los datos facilitados por los distintos bancos de alimentos que hay en la comunidad y por colectivos como la Fundación Amigos de Galicia, más de 56.000 familias reciben víveres para aliviar la factura de la cesta de la compra y poder comer cada día. Leche, arroz, pasta, galletas, cacao, pollo, pan, verduras, batidos o cereales son algunos de los productos que reciben. Algunos son excedentes de la UE. Otros son donativos que hacen empresas o particulares"
Lo realmente grave era que sin quererlo en la edición on line de La Voz de Galicia, la noticia aparecía como se recoge en el pantallazo de arriba con esta publicidad:
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El enlace de hoy lleva debajo a las horas de colgar esta noticia:
Comida Gallega
Aprovechate de la crisis come en Madrid a Precios de Galicia solo en...
lunes, 22 de noviembre de 2010
25 ‘salvapatrias’
Un difícil envite les ha puesto el presidente Zapatero a las 25 mayores empresas españolas: deben salvar el país de la crisis y, además, acelerar la recuperación económica.
De entrada uno se pregunta cuánto empleo han creado en el último año estas grandes multinacionales españolas, cuantos puestos de trabajo han destruido, qué apalancamiento o deuda tienen, que compromisos…No son ONG,s y desde luego pedirán a Zapatero algo a cambio de arrimar el hombro. Uno se queda perplejo cuando cae en la cuenta de que las '25 salvapatrias' son prácticamente las mismas grandes compañías de aquella infame campaña de las cámaras de comercio …estoloarreglamosentretodos ¿recuerdan?
Además de un gran derroche de dinero la fallida campaña sirvió para alimentar falsas expectivas…Muchas de las 25, además, están tan globalizadas en fusiones internacionales que no tienen decisión propia, sujetas a los vaivenes de los mercados energético, de transportes…cuando no son entidades financieras metidas en mil y una complicaciones. Tarea titánica les espera...
De entrada uno se pregunta cuánto empleo han creado en el último año estas grandes multinacionales españolas, cuantos puestos de trabajo han destruido, qué apalancamiento o deuda tienen, que compromisos…No son ONG,s y desde luego pedirán a Zapatero algo a cambio de arrimar el hombro. Uno se queda perplejo cuando cae en la cuenta de que las '25 salvapatrias' son prácticamente las mismas grandes compañías de aquella infame campaña de las cámaras de comercio …estoloarreglamosentretodos ¿recuerdan?
Además de un gran derroche de dinero la fallida campaña sirvió para alimentar falsas expectivas…Muchas de las 25, además, están tan globalizadas en fusiones internacionales que no tienen decisión propia, sujetas a los vaivenes de los mercados energético, de transportes…cuando no son entidades financieras metidas en mil y una complicaciones. Tarea titánica les espera...
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