En la Red mandan los machos (al menos sus comportamientos atávicos son los que predominan). Pese a que los medios digitales están dirigidos cada vez más por mujeres el enfoque masculino ordena y manda.
“La historia de la mujer es la historia del martirio, del dolor y de la abnegada sublimidad”, dejó escrito (hace 95 años) Luis Emilio Recabarren, un político chileno de ideas progresistas para su época. Era considerado el padre del movimiento obrero chileno revolucionario izquierdista Y esta definición de Recabarren la hemos visto reflejada recientemente en el enfoque que han dado los medios de comunicación- prácticamente todos sin excepción- al papel que ha jugado la mujer chilena durante la ‘prisión’ y el posterior ‘rescate’ de los 33 mineros. Hemos visto en la televisión mujeres abnegadas, sufridas, algunas con una fe ciega e inquebrantable, otras transidas de dolor. Pero lo más duro ha sido ver mujer y amante ante un minero adúltero. ¿Qué hubiera pasado si el minero fuera una mujer? Y las cámaras de televisión enfocaran y entrevistaran al marido y al amante. ¿Qué habrían dicho en tal caso los medios de comunicación? ¿Habrían jaleado su ardor como hicieron en el caso del minero-macho? En ningún momento se respetó la intimidad de la esposa (en la foto de abajo) y la prensa dio publicidad y se hizo eco de las frívolas declaraciones de la amante.
El patrón masculino arrasa en Internet. La periodista y escritora chilena Emma Sepúlveda entrevistó “a las mujeres” de los 33 mineros intentando ofrecer una mirada desde el otro lado (http://de10.com.mx/9651.html). No solo conversó con las esposas de los obreros, sino también con las madres, hijas, suegras, novias y amantes. Sobre el caso de Jhonny Barrios, conocido popularmente como el “minero infiel”, Sepúlveda tuvo la posibilidad de hablar con sus dos mujeres y destacó la entereza de su esposa para no ir a recibirlo y decirle “no” a la relación. De nuevo buscando el morbo que pide el enfoque masculino. Otro caso conmovedor fue el de la novia de uno de los mineros que estaba convencida de recibir cartas de amor de su prometido. Lo cierto es que la joven no sabía leer y lo que recibía no eran cartas de amor ni proposiciones de matrimonio. La escritora le leyó una de las cartas. “No le mentí”, contó Sepúlveda. La joven no volvió más al campamento Esperanza. Emma Sepúlveda desvelará en un libro más detalles de las mujeres de los 33. Lamentablemente caerá en los tópicos de la mujer sacrificada, esposa y madre, además de frívola. En su exclusiva mundial se exhibe la lencería con la cual una esposa (foto inferior) recibirá a su marido. Ese era el reportaje que pretendía ofrecer la visión desde el otro lado. Flaco favor se hace a los valores femeninos.
¿Qué se sabe de ellas? Amantes, maltratadas, abnegadas, sufridas… siempre víctimas de los mismos clichés o idénticas metáforas en las informaciones expandidas por todo el mundo: mujer, madre tierra, útero…Ellas que han llevado las riendas 67 días (mientras ellos estaban bajo tierra) buscando como alimentar a los hijos o pagar las facturas han vuelto a aparecer como floreros. Mujeres sumisas y encantadoras.
En la Red los 33 mineros sepultados fueron noticia diaria y en ciertos medios de prensa pudieron recogerse comentarios de este tipo: “Con esas esposas, mejor me vuelvo a enterrar”. Palabra de un tal Rogelio desde México, refugiado en el anonimato. Una periodista española (a la que no quiero avergonzar) lanzó en su columna otra pedrada: "hay un minero que maltrata a su mujer" insinuó. Y se quedó tan fresca. Pero hay más ejemplos y se los iré contando en los próximos días. Y como es obligado no voy a etiquetar este artículo como mujer. No vayamos a caer en la trampa de hacer compartimentos. Lo incluimos en vida cotidiana.
Aquí se trata de contar la realidad sin la doble moral que pervierte al periodismo actual.
martes, 2 de noviembre de 2010
lunes, 1 de noviembre de 2010
¿Qué enterramos hoy? ¿A quien velamos?
A muchos nos gustaría sacar a nuestros parientes bajo tierra y enterrar para siempre los grandes males de la sociedad: corrupción, injusticia, crímenes…y hasta a los necios que nos hunden en la miseria.
¿Enterramos la depresión con el frasco de ansiolíticos? ¿Enterramos la ludopatía, alcoholismo, drogadicción? ¿Enterramos el despilfarro? ¿Enterramos la precariedad/pobreza? Aquí yace doña precariedad, la mataron con dinero…
Lamentablemente es sólo una utopía. Como podéis ver la corrupción sale de su tumba y campa a sus anchas. Si no estáis muertos/difuntos podéis realizar comentarios.
¿Enterramos la depresión con el frasco de ansiolíticos? ¿Enterramos la ludopatía, alcoholismo, drogadicción? ¿Enterramos el despilfarro? ¿Enterramos la precariedad/pobreza? Aquí yace doña precariedad, la mataron con dinero…
Lamentablemente es sólo una utopía. Como podéis ver la corrupción sale de su tumba y campa a sus anchas. Si no estáis muertos/difuntos podéis realizar comentarios.
domingo, 31 de octubre de 2010
La chispa prende en Melilla
"La guerra terminará cuando tengamos un trabajo digno", aseguró uno de los manifestantes que protestaron el pasado viernes 28, en Melilla, por la falta de empleo. La tasa de paro en esta ciudad alcanza el 24%, más de la media nacional que ahora ronda el 20%.
Un grupo de jóvenes formó barricadas con contenedores y neumáticos en llamas en el barrio melillense de Cabrerizas para protestar por no haber sido seleccionados en los programas de empleo de la Delegación del Gobierno. El presidente de Melilla, Juan José Imbroda (PP), hizo un llamamiento a la calma tras los incidentes, aunque dio a entender los motivos que pueden asistir a sus protagonistas, dada la desesperación que hay en muchas familias desempleadas. El PSOE apuntó a Imbroda como posible instigador de los disturbios. El diputado socialista en la Asamblea autónoma Amin Azmani señaló que quienes protagonizaron los altercados "no actuaron por su cuenta ni de forma espontánea" y afirmó que los organizadores de los incidentes están "más cerca" de la Presidencia del Gobierno melillense que de cualquier otra institución. (http://www.elpais.com/articulo/espana/grupo/jovenes/provoca/nuevos/disturbios/Melilla/elpepunac/20101028elpepinac_16/Tes.) Imbroda ha anunciado que denunciará a Azmani (http://www.elpueblodeceuta.es/201010309201.html).
Cuando algunos protestan en este país por lo que consideran una injusticia se dice que están manipulados. Para invalidar la protesta cierta prensa ha dicho que los jóvenes viven en la deprimida zona musulmana (varios de estos jóvenes encapuchados y con pañuelos gritaron a las cámaras de tv que eran españoles y dieron su testimonio del por qué de la violencia: quema de contenedores y piedras contra la policía.
Una chispa ha saltado al parecer por culpa del desempleo. Apenas se la ha prestado atención pero así empiezan lo que por el ‘efecto contagio’ devienen en grandes disturbios. “De modo que, a medio plazo, el malestar social causado por la burbuja del desempleo expansivo ya no se podrá contener, y lo más probable es que empiece a aflorar en forma de protestas sociales, conflictos interculturales y convocatoria de huelgas generales o salvajes según el reciente ejemplo francés”, profetizaba el sociólogo Enrique Gil Calvo hace casi dos años. (El País, 2.02.2009). Otro sociólogo, este además ideólogo del PSOE, Félix Tezanos, declaró en su momento: "la falta de trabajos cualificados -"el bedel de mi facultad es ingeniero", indica-, el becarismo rampante, la baja natalidad y el desfase en gasto social respecto a Europa están creando una atmósfera inflamable que abre la posibilidad de estallidos similares a los de Grecia o Francia". (El País, 22.06.2009).
Un grupo de jóvenes formó barricadas con contenedores y neumáticos en llamas en el barrio melillense de Cabrerizas para protestar por no haber sido seleccionados en los programas de empleo de la Delegación del Gobierno. El presidente de Melilla, Juan José Imbroda (PP), hizo un llamamiento a la calma tras los incidentes, aunque dio a entender los motivos que pueden asistir a sus protagonistas, dada la desesperación que hay en muchas familias desempleadas. El PSOE apuntó a Imbroda como posible instigador de los disturbios. El diputado socialista en la Asamblea autónoma Amin Azmani señaló que quienes protagonizaron los altercados "no actuaron por su cuenta ni de forma espontánea" y afirmó que los organizadores de los incidentes están "más cerca" de la Presidencia del Gobierno melillense que de cualquier otra institución. (http://www.elpais.com/articulo/espana/grupo/jovenes/provoca/nuevos/disturbios/Melilla/elpepunac/20101028elpepinac_16/Tes.) Imbroda ha anunciado que denunciará a Azmani (http://www.elpueblodeceuta.es/201010309201.html).
Cuando algunos protestan en este país por lo que consideran una injusticia se dice que están manipulados. Para invalidar la protesta cierta prensa ha dicho que los jóvenes viven en la deprimida zona musulmana (varios de estos jóvenes encapuchados y con pañuelos gritaron a las cámaras de tv que eran españoles y dieron su testimonio del por qué de la violencia: quema de contenedores y piedras contra la policía.
Una chispa ha saltado al parecer por culpa del desempleo. Apenas se la ha prestado atención pero así empiezan lo que por el ‘efecto contagio’ devienen en grandes disturbios. “De modo que, a medio plazo, el malestar social causado por la burbuja del desempleo expansivo ya no se podrá contener, y lo más probable es que empiece a aflorar en forma de protestas sociales, conflictos interculturales y convocatoria de huelgas generales o salvajes según el reciente ejemplo francés”, profetizaba el sociólogo Enrique Gil Calvo hace casi dos años. (El País, 2.02.2009). Otro sociólogo, este además ideólogo del PSOE, Félix Tezanos, declaró en su momento: "la falta de trabajos cualificados -"el bedel de mi facultad es ingeniero", indica-, el becarismo rampante, la baja natalidad y el desfase en gasto social respecto a Europa están creando una atmósfera inflamable que abre la posibilidad de estallidos similares a los de Grecia o Francia". (El País, 22.06.2009).
viernes, 29 de octubre de 2010
Aire
Dedicado a los pobres que nadie ve
Recogió a hurtadillas la colilla caída en el suelo, aún estaba encendida y se la caló en la comisura de los labios. Si lo pensaba fríamente le sabía igual que cualquier cigarro recién prendido. Todo es cuestión de lo escrupuloso que uno sea. La tiró al pensar quien la habría podido tener en sus labios; tal vez un aristócrata sifilítico, un hombre babeante o un enfermo terminal. Si te dejas dominar por los pensamientos estás perdido. Volvió a recogerla del suelo aún humeante y expulsó el humo como lo haría un hombre feliz y corriente. Miraba en las papeleras con elegancia y disimulo, como si hubiera perdido algo; alargaba la mano y hurgaba con el guante de látex. Notó algo parecido a un mordisco y no se decidió a retirar la mano. Cuando lo hizo vio que se había cortado y el dedo anular le sangraba. Lo envolvió con el pañuelo. La punta de los dedos de látex rozaba la porquería mientras las tripas se le revolvían. Todo era acostumbrarse. Introdujo la mano con decisión y sintió el roce de una piel que adivinó de plátano. Antes de rebuscar como un gentleman en las papeleras se rozaba con las paredes para atraer la buena suerte o bajaba un pie a la calzada, a punto de ser atropellado, porque había leído que con esta añagaza le llovería dinero.
Se plantó delante y la miró. Era de esas papeleras de diseño que ahora iluminan la ciudad. El recipiente de cristal opaco no dejaba ver su interior. Era como meter la mano en un foso de serpientes. Se calzó los guantes de cirugía y se santiguó. La mano tanteaba las paredes hasta llegar al fondo. Sacó un bote de cerveza, dos papeletas arrugadas de la primitiva, un envoltorio de chicle, un peine roto y otras fruslerías. El reloj de muñeca se le quedó enganchado en el reborde que habían diseñado como nota distintiva. Justo en ese momento divisó a su ex jefe, el culpable de su despido, que venía de frente. Sintió desintegrarse. El sujeto lo miró incrédulo. Se había confundido. Los nervios juegan una mala pasada. Cuando logró soltar la mano, arañado el reloj regalo de la empresa, continuó su peregrinaje. Los ojos le lagrimeaban al envidiar la suerte de los peatones con los que se cruzaba. Qué felices se les veía. Y pensar que estuvo de su lado. Al divisar una nueva papelera se subió el cuello del abrigo. Según se acercaba miraba de soslayo por si alguien advertía su maniobra. Se calzó los guantes, cerró los ojos e introdujo con decisión, esta vez la mano izquierda. Nada interesante. Ahora las papeleras están rebosantes de cosas inútiles. Esa noche decidió buscarse la vida de otra manera.
Hay días en que bajar al metro es descender a los infiernos. Y éste era uno de esos días. De entrada no acertó a poner el pie en las escaleras mecánicas. A punto estuvo de romperse la crisma. Por fortuna una mano milagrosa le hurtó del desastre. Nada hay tan desolador como ser absorbido por una muchedumbre y dejarse arrastrar como un pelele por túneles y andenes. En este alocado trasiego era bamboleado sin miramientos para uno y otro lado. Recorrió un vagón del metro atestado de gente y malos olores. “Una ayuda para mi niño enfermo. Por amor de Dios tengan caridad”. Hablaba tan quedo que su voz le era desconocida. Creyendo que centenares de ojos le reprobaban, rojo de ira y de vergüenza, al abrirse las puertas salió despavorido. Lo intentó de nuevo en el vagón contiguo abarrotado hasta los topes. Al darse cuenta de que le ignoraban desplegó la mugrienta cartilla de la seguridad social. “Una ayuda para mi niño enfermo, por Dios se lo pido”. Una voz lastimera y tronante que venía del fondo del vagón le hizo enmudecer. “Me arrodillo ante ustedes porque tengo hambre; no quiero su dinero. Si hace falta me como un bocadillo delante de ustedes”. Las cabezas giraron al unísono. Un joven rubio de pelo corto, en cuyo rostro tumefacto se marcaba la cruel enfermedad, arrastraba las rodillas afiladas sobre el piso. Tuvo que desviar la mirada al ver como le supuraba un líquido blancuzco de la rótula que asomaba en los vaqueros desteñidos.
El enfermo pasó a su lado sin ver. Las personas eran bultos que respiraban; a lo más ropajes con cuerpos en los que aleteaban brazos y piernas. Seres que reían y murmuraban. La voz lastimera se perdió y pudo retomar su letanía. “Una ayuda para mi niño enfermo, por Dios se lo pido”. Una mujer rebuscaba temblorosa en su bolso como si la vida le fuera en ello. No levantaba la cabeza pero su vestido y su pelo fosco delataban su origen humilde. Al encontrar una moneda alzó la cabeza y le sonrió dejando entrever la hilera de dientes discontinuos. Cuando la moneda cayó en su mano le entró tal desazón que a punto estuvo de devolvérsela. Cerró el puño y musitó algo parecido al agradecimiento. Otras manos se aflojaron y una tras otra las monedas fueron llenando la suya. “Gracias, que tengan un buen día”.
Cuando fue a abrir la puerta su mano huesuda quedó suspendida en el aire. No había pomo, ni puerta. Recorrió el pasillo a oscuras, las monedas tintineando en el bolsillo, y entró en el comedor. Su mujer y los niños acechaban en la penumbra de unas velas, la cera goteando sobre los restos del mantel de hilo. Los niños enardecidos golpearon rítmicamente con las cucharas los platos hasta saltar la loza. El más pequeño trataba de pellizcar un mendrugo de pan, de tan duro olvidado por sus hermanos. Se le escurría entre las manos y se desesperaba. Los hermanos se reían. Buscó donde sentarse. Su sillón favorito, desde el que presidía los almuerzos, en tiempos mejores, había desaparecido. Dio con un taburete de plástico rojo y se aposentó con tan mala fortuna que perdió el equilibrio y se golpeó la cabeza con la pared. Su mujer y los niños rieron como hienas salvajes, los incisivos afilados sobresalían en sus bocas hambrientas. Su mujer levantó la cabeza del plato, la mitad del rostro en la penumbra. El ojo que le observaba sonreía inyectado en sangre.
- Cariño, ¿te apuntas a la gran cena?
Arrojó las monedas sobre la mesa y tanteando las paredes se retiró a la pieza del fondo perseguido por el otro ojo, verde esmeralda, y el incesante repiqueteo de las cucharas que batían furiosas sobre los restos de loza.
A la mañana siguiente le despierta el aroma del café. En la cocina su mujer mira a la casa de enfrente, un ligero estremecimiento de los hombros le hace notar que no lleva la toquilla de lana. Los vecinos sentados a la mesa untan láminas de mantequilla en el pan crujiente, el café humea en sus tazas de porcelana. Ella les mira con su ojo verde esmeralda. Al sentirse observados echan la cortina. Él abandona la estancia, los insultos de su mujer le persiguen hasta la calle.
Una mañana desaparecen puertas y ventanas. Luego, su mujer con los niños. La última vez que los vio estaban desnudos frente a los platos vacíos. Una nota colgaba de la puerta de la nevera. “Ni los niños ni yo queremos volver a verte”. La nevera también ha desaparecido. Aturdido se retira a la pieza del fondo. Se quita los zapatos y los arroja con rabia bajo la cama harto de escuchar el repiqueteo del tacón desgastado. Son los mismos zapatos con los que acudía diariamente al trabajo; se pasaba cinco minutos en el cuarto de baño embadurnándolos y sacándoles brillo. Han pasado incontables veces por el zapatero que ya no sabe por donde cogerlos, harto de remendarlos para tapar griegas y agujeros. Sentado en el somier, el colchón ha volado, siente como se le va la cabeza. Debe ser el hambre. Contra la pared descubre su maletín de ejecutivo, en el que llegó a guardar contratos millonarios. La casa parece elevarse, moverse a uno y otro lado. Cruje el entarimado del que saltan pequeñas astillas. Hace unos días por economizar dejó de tomar las pastillas que le recetó el psicoterapeuta. Vuelven las pesadillas. La casa tiembla como si estuviera embrujada. Se sujeta la cabeza con las manos y aúlla de dolor. Un brutal estruendo le hace sangrar por la nariz y los oídos. Un barreno ha hecho saltar la viga maestra. A la entrada de lo que ahora es un solar hay un cartel: “se vende este solar”. La mujer y los niños están en la playa. Lograron un anticipo.
Recogió a hurtadillas la colilla caída en el suelo, aún estaba encendida y se la caló en la comisura de los labios. Si lo pensaba fríamente le sabía igual que cualquier cigarro recién prendido. Todo es cuestión de lo escrupuloso que uno sea. La tiró al pensar quien la habría podido tener en sus labios; tal vez un aristócrata sifilítico, un hombre babeante o un enfermo terminal. Si te dejas dominar por los pensamientos estás perdido. Volvió a recogerla del suelo aún humeante y expulsó el humo como lo haría un hombre feliz y corriente. Miraba en las papeleras con elegancia y disimulo, como si hubiera perdido algo; alargaba la mano y hurgaba con el guante de látex. Notó algo parecido a un mordisco y no se decidió a retirar la mano. Cuando lo hizo vio que se había cortado y el dedo anular le sangraba. Lo envolvió con el pañuelo. La punta de los dedos de látex rozaba la porquería mientras las tripas se le revolvían. Todo era acostumbrarse. Introdujo la mano con decisión y sintió el roce de una piel que adivinó de plátano. Antes de rebuscar como un gentleman en las papeleras se rozaba con las paredes para atraer la buena suerte o bajaba un pie a la calzada, a punto de ser atropellado, porque había leído que con esta añagaza le llovería dinero.
Se plantó delante y la miró. Era de esas papeleras de diseño que ahora iluminan la ciudad. El recipiente de cristal opaco no dejaba ver su interior. Era como meter la mano en un foso de serpientes. Se calzó los guantes de cirugía y se santiguó. La mano tanteaba las paredes hasta llegar al fondo. Sacó un bote de cerveza, dos papeletas arrugadas de la primitiva, un envoltorio de chicle, un peine roto y otras fruslerías. El reloj de muñeca se le quedó enganchado en el reborde que habían diseñado como nota distintiva. Justo en ese momento divisó a su ex jefe, el culpable de su despido, que venía de frente. Sintió desintegrarse. El sujeto lo miró incrédulo. Se había confundido. Los nervios juegan una mala pasada. Cuando logró soltar la mano, arañado el reloj regalo de la empresa, continuó su peregrinaje. Los ojos le lagrimeaban al envidiar la suerte de los peatones con los que se cruzaba. Qué felices se les veía. Y pensar que estuvo de su lado. Al divisar una nueva papelera se subió el cuello del abrigo. Según se acercaba miraba de soslayo por si alguien advertía su maniobra. Se calzó los guantes, cerró los ojos e introdujo con decisión, esta vez la mano izquierda. Nada interesante. Ahora las papeleras están rebosantes de cosas inútiles. Esa noche decidió buscarse la vida de otra manera.
Hay días en que bajar al metro es descender a los infiernos. Y éste era uno de esos días. De entrada no acertó a poner el pie en las escaleras mecánicas. A punto estuvo de romperse la crisma. Por fortuna una mano milagrosa le hurtó del desastre. Nada hay tan desolador como ser absorbido por una muchedumbre y dejarse arrastrar como un pelele por túneles y andenes. En este alocado trasiego era bamboleado sin miramientos para uno y otro lado. Recorrió un vagón del metro atestado de gente y malos olores. “Una ayuda para mi niño enfermo. Por amor de Dios tengan caridad”. Hablaba tan quedo que su voz le era desconocida. Creyendo que centenares de ojos le reprobaban, rojo de ira y de vergüenza, al abrirse las puertas salió despavorido. Lo intentó de nuevo en el vagón contiguo abarrotado hasta los topes. Al darse cuenta de que le ignoraban desplegó la mugrienta cartilla de la seguridad social. “Una ayuda para mi niño enfermo, por Dios se lo pido”. Una voz lastimera y tronante que venía del fondo del vagón le hizo enmudecer. “Me arrodillo ante ustedes porque tengo hambre; no quiero su dinero. Si hace falta me como un bocadillo delante de ustedes”. Las cabezas giraron al unísono. Un joven rubio de pelo corto, en cuyo rostro tumefacto se marcaba la cruel enfermedad, arrastraba las rodillas afiladas sobre el piso. Tuvo que desviar la mirada al ver como le supuraba un líquido blancuzco de la rótula que asomaba en los vaqueros desteñidos.
El enfermo pasó a su lado sin ver. Las personas eran bultos que respiraban; a lo más ropajes con cuerpos en los que aleteaban brazos y piernas. Seres que reían y murmuraban. La voz lastimera se perdió y pudo retomar su letanía. “Una ayuda para mi niño enfermo, por Dios se lo pido”. Una mujer rebuscaba temblorosa en su bolso como si la vida le fuera en ello. No levantaba la cabeza pero su vestido y su pelo fosco delataban su origen humilde. Al encontrar una moneda alzó la cabeza y le sonrió dejando entrever la hilera de dientes discontinuos. Cuando la moneda cayó en su mano le entró tal desazón que a punto estuvo de devolvérsela. Cerró el puño y musitó algo parecido al agradecimiento. Otras manos se aflojaron y una tras otra las monedas fueron llenando la suya. “Gracias, que tengan un buen día”.
Cuando fue a abrir la puerta su mano huesuda quedó suspendida en el aire. No había pomo, ni puerta. Recorrió el pasillo a oscuras, las monedas tintineando en el bolsillo, y entró en el comedor. Su mujer y los niños acechaban en la penumbra de unas velas, la cera goteando sobre los restos del mantel de hilo. Los niños enardecidos golpearon rítmicamente con las cucharas los platos hasta saltar la loza. El más pequeño trataba de pellizcar un mendrugo de pan, de tan duro olvidado por sus hermanos. Se le escurría entre las manos y se desesperaba. Los hermanos se reían. Buscó donde sentarse. Su sillón favorito, desde el que presidía los almuerzos, en tiempos mejores, había desaparecido. Dio con un taburete de plástico rojo y se aposentó con tan mala fortuna que perdió el equilibrio y se golpeó la cabeza con la pared. Su mujer y los niños rieron como hienas salvajes, los incisivos afilados sobresalían en sus bocas hambrientas. Su mujer levantó la cabeza del plato, la mitad del rostro en la penumbra. El ojo que le observaba sonreía inyectado en sangre.
- Cariño, ¿te apuntas a la gran cena?
Arrojó las monedas sobre la mesa y tanteando las paredes se retiró a la pieza del fondo perseguido por el otro ojo, verde esmeralda, y el incesante repiqueteo de las cucharas que batían furiosas sobre los restos de loza.
A la mañana siguiente le despierta el aroma del café. En la cocina su mujer mira a la casa de enfrente, un ligero estremecimiento de los hombros le hace notar que no lleva la toquilla de lana. Los vecinos sentados a la mesa untan láminas de mantequilla en el pan crujiente, el café humea en sus tazas de porcelana. Ella les mira con su ojo verde esmeralda. Al sentirse observados echan la cortina. Él abandona la estancia, los insultos de su mujer le persiguen hasta la calle.
Una mañana desaparecen puertas y ventanas. Luego, su mujer con los niños. La última vez que los vio estaban desnudos frente a los platos vacíos. Una nota colgaba de la puerta de la nevera. “Ni los niños ni yo queremos volver a verte”. La nevera también ha desaparecido. Aturdido se retira a la pieza del fondo. Se quita los zapatos y los arroja con rabia bajo la cama harto de escuchar el repiqueteo del tacón desgastado. Son los mismos zapatos con los que acudía diariamente al trabajo; se pasaba cinco minutos en el cuarto de baño embadurnándolos y sacándoles brillo. Han pasado incontables veces por el zapatero que ya no sabe por donde cogerlos, harto de remendarlos para tapar griegas y agujeros. Sentado en el somier, el colchón ha volado, siente como se le va la cabeza. Debe ser el hambre. Contra la pared descubre su maletín de ejecutivo, en el que llegó a guardar contratos millonarios. La casa parece elevarse, moverse a uno y otro lado. Cruje el entarimado del que saltan pequeñas astillas. Hace unos días por economizar dejó de tomar las pastillas que le recetó el psicoterapeuta. Vuelven las pesadillas. La casa tiembla como si estuviera embrujada. Se sujeta la cabeza con las manos y aúlla de dolor. Un brutal estruendo le hace sangrar por la nariz y los oídos. Un barreno ha hecho saltar la viga maestra. A la entrada de lo que ahora es un solar hay un cartel: “se vende este solar”. La mujer y los niños están en la playa. Lograron un anticipo.
jueves, 28 de octubre de 2010
Talento para salir del paro
Es el talento y las ganas que le faltan a este Gobierno –tiene casi menos estado de ánimo que el anterior y ya empieza con las rectificaciones hasta en los subsidios- lo que le sobra a proyectos solidarios como el que patrocina la Fundación Botín (en la imagen parte de los galardonados con directivos de la entidad).
Cerca de 4.000 personas en situación de desempleo se presentaron a la convocatoria ‘Talento Solidario’, anunciada en mayo pasado (http://www.fundacionmbotin.org/talento-solidario.html). Ayer se anunciaron los 14 elegidos para trabajar en 14 ONG, con financiación, de al menos un año prorrogable a dos, por la Fundación Botín. Esta entidad paga el salario de los seleccionados. El director general de la fundación, Iñigo Saenz de Miera, reconoció el toque amargo que les ha tocado vivir ante el aluvión de solicitantes que les había llegado . “¿Cuánta gente tan buena está sin poder trabajar? ¿Cómo pueden estar en casa y no poder ganar el pan?”, se preguntó al revelar el alto perfil de los que se presentaron. De los cuatro mil, 620 encajaban en el perfil solicitado pero sólo 14 fueron los afortunados. Con esta apuesta por el talento se pretende romper con el círculo vicioso con que día a día se enfrentan compañías y asociaciones solidarias “no tengo la persona adecuada, no puede llevar a cabo el proyecto ansiado”. Saenz de Miera reveló que el apoyo de la Fundación Botín beneficiará a cerca de un millón de personas del tercer sector.
lunes, 25 de octubre de 2010
La empresa de Sara Carbonero
Sara Carbonero, convertida en estrella mediática por ser novia de Iker Casillas e icono de la televisión, ha creado su propia empresa para gestionar sus millonarios ingresos.
La popular periodista no se ha convertido en empresaria sino que, al igual que centenares de famosos, ha constituido una sociedad para facturar por sus trabajos de imagen (marketing, publicitarios, galas, eventos…). Sara Carbonero tiene un buen recuerdo de cuando el verano pasado cubrió el Mundial de Fútbol desde Sudáfrica que llevó a España a ser campeona del Mundo. Tal vez por eso Recuerdos de Sudáfrica S.L. sea el nombre escogido para su sociedad limitada, que dio comienzo a sus operaciones el pasado 28 de septiembre.
Recuerdos de Sudáfrica S.L. tiene como objeto social, según rezan sus estatutos “la publicidad en cualquier medio, desde audiovisual a escrito, electrónico, etcétera. Constituida con un capital de 3.000 euros Sara Carbonero es su Administradora Única.
La creación de sociedades limitadas por los famosos para gestionar ‘ingresos extras’, aparte los propios de su profesión, es una práctica cada vez más habitual. Anteriormente lo hicieron Francisca Maud, con este nombre no es conocida por el gran público, pero cuando se anunciaba a Marlene Mourreau muchos hombres se ponían nerviosos y hay mujeres que palidecían de envidia. Idea Acción S.L. fue el nombre elegido por la Mourreau; Azul Producciones S.L por María Barranco; Zoriba S.L. por Ángel Molina…
La popular periodista no se ha convertido en empresaria sino que, al igual que centenares de famosos, ha constituido una sociedad para facturar por sus trabajos de imagen (marketing, publicitarios, galas, eventos…). Sara Carbonero tiene un buen recuerdo de cuando el verano pasado cubrió el Mundial de Fútbol desde Sudáfrica que llevó a España a ser campeona del Mundo. Tal vez por eso Recuerdos de Sudáfrica S.L. sea el nombre escogido para su sociedad limitada, que dio comienzo a sus operaciones el pasado 28 de septiembre.
Recuerdos de Sudáfrica S.L. tiene como objeto social, según rezan sus estatutos “la publicidad en cualquier medio, desde audiovisual a escrito, electrónico, etcétera. Constituida con un capital de 3.000 euros Sara Carbonero es su Administradora Única.
La creación de sociedades limitadas por los famosos para gestionar ‘ingresos extras’, aparte los propios de su profesión, es una práctica cada vez más habitual. Anteriormente lo hicieron Francisca Maud, con este nombre no es conocida por el gran público, pero cuando se anunciaba a Marlene Mourreau muchos hombres se ponían nerviosos y hay mujeres que palidecían de envidia. Idea Acción S.L. fue el nombre elegido por la Mourreau; Azul Producciones S.L por María Barranco; Zoriba S.L. por Ángel Molina…
domingo, 24 de octubre de 2010
Fumando espero y...
...desespero. Los ex fumadores, siempre en peligro, están ahora sometidos a mucho más estrés por la crisis económica y laboral. Y muchos recaen al no poder soportar los nervios y preocupaciones que estos hechos les producen, asegura un informe de Journal of Epidemiology & Community Health, recogido por La Vanguardia (http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20101024/54060026581/la-crisis-economica-aumenta-el-numero-de-personas-fumadoras.html)
En Francia, "prácticamente el 50% de los parados son fumadores, es evidente que la crisis y el aumento del paro han tenido un efecto sobre el aumento del consumo de tabaco", afirma la ministra de Salud, Roselyne Bachelot. Los datos de la evolución de estos últimos cinco años –contenidos en el barómetro del Instituto Nacional de Prevención y Educación de la Salud (Inpes)– muestran, en efecto, un alza muy marcada del tabaquismo entre los parados, que ha pasado del 43,5% al 49,6%.
Si en el país vecino con menos de la mitad de paro, los desempleados acaban con las cajetillas, qué no ocurrirá en España. Estadísticas aparte, en la cola del INEM o en sus proximidades no se han detectado parados compulsivos.
En Francia, "prácticamente el 50% de los parados son fumadores, es evidente que la crisis y el aumento del paro han tenido un efecto sobre el aumento del consumo de tabaco", afirma la ministra de Salud, Roselyne Bachelot. Los datos de la evolución de estos últimos cinco años –contenidos en el barómetro del Instituto Nacional de Prevención y Educación de la Salud (Inpes)– muestran, en efecto, un alza muy marcada del tabaquismo entre los parados, que ha pasado del 43,5% al 49,6%.
Si en el país vecino con menos de la mitad de paro, los desempleados acaban con las cajetillas, qué no ocurrirá en España. Estadísticas aparte, en la cola del INEM o en sus proximidades no se han detectado parados compulsivos.
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