lunes, 28 de febrero de 2011

Abres la ventana y te siguen la pista

   Muchas personas abren esta ventana y tienen cerradas las de su casa. Se asoman curiosos a la Red porque no quieren ver lo que tienen dentro de su hogar.

   Internet les proporciona fácilmente la huída de los problemas cotidianos. Muchos ciberciudadanos/as no dejan ver en su conexión (un grito de ayuda) pese a que les resulte insoportable su entorno. Buscan aquí la vida mejor que no tienen...
   Los ciudadanos/as que conviven en Internet tratan de ofrecer por lo general un perfil bajo. Tienen ese miedo atávico a ser reconocidos y a que se desvele su identidad. Pero pese al tupido velo con que tratan de proteger su intimidad siempre dejan pistas, que delatan en la forma de expresar sus pensamientos y sobre todo sus emociones.

   Uno puede saber mucho de una persona cuando confiesa el libro que lee o su música preferida. Aunque los hay tan ladinos que sobre esto tan superficial también mienten. Pero pese al engaño siempre hay huellas en la arena para seguir el rastro. En la Red hay ciudadanos/as muy herméticos (cuelgan fotografías, pinturas, bisutería y poco más) o muy extrovertidos (enseñan hasta su dormitorio y las hojas de su diario). Entre estos dos extremos se mueven el resto de los cibermortales. ¿Para qué quieren estar los ciudadanos/as en la Red? La mayoría para buscar encuentros superficiales; unos pocos para intercambiar reflexiones sobre los distintos modos de vida...

sábado, 26 de febrero de 2011

Si Borges levantara la cabeza

   Ha llegado para quedarse. Cada vez  se ven más -mujeres por cierto- en el metro leyendo ávidas página tras página.

   El libro electrónico se puede leer al borde del agua. No hace falta gran concentración. El viento no se lleva las páginas. Y tal vez algún día -quizá ahora- se puedan ya subrayar sus páginas. La quema de libros por fin ha terminado.

¡Pican, pican...!

   Le sobraba toda la paciencia del  mundo. Largó el sedal a la Red y esperó. La caña se tensó.

   Había puesto un anzuelo nuevo. Y picaron, vaya si picaron.

   Una lluvia de comentarios hirientes le inundó. Entonces sonrió. Ya no estaba sólo.

El soplón (presunto)

   En la facultad de Económicas de Bilbao, Sarriko, donde me matriculé se vivía una etapa muy conflictiva. De ello parecía disfrutar un siniestro personaje que campaba a sus anchas por los pasillos.

   Consciente de que una época se acababa personificaba el terror entre los estudiantes. ‘El Pela’, bajo de estatura, delgado, un manojo de nervios y con mala leche aparecía de improviso en la cafetería y el bullicio se transformaba en un espeso silencio. Con su andar crispado, el eterno puro en la boca con la brasa roja incandescente, se aposentaba en la barra mirándonos con desprecio. Muchos estudiantes le odiaban y él lo sabía y le gustaba ser el enemigo. Apuraba la copa de coñac y salía mirando hacia las mesas con descaro, mientras las brasas del puro se desprendían amenazadoras.


   La continúa entrada de los grises a caballo, verlos desde el interior por la cristalera era como estar viendo una película en primera fila, originaba muchas protestas. Las sentadas que hacíamos los estudiantes en el suelo ya eran legendarias. Los enfrentamientos de los estudiantes con este personaje autoritario, empezaron a interesar a los periódicos de Bilbao (La Gaceta del Norte y El Correo). Y cómo no al extenderse el conflicto, también se hizo eco la revista Cambio 16 a través de su corresponsal en Euskadi. El conflicto empezaba a tomar un cariz muy violento. A los novatos la presencia de ‘El Pela’ les acojonaba. Por sus formas y manera de gesticular era como un pequeño gángster de serie b. En momentos de gran tensión le escoltaba Simón, su fiel guardaespaldas. Un bedel de gran corpachón que al ser muy cargado de espaldas era conocido como el jorobado de Notre Dame. Las caricaturas de ambos, muy populares entre los estudiantes, corrían de mano en mano.

   Una mañana ante la brutal irrupción de los antidisturbios salimos por la parte de atrás de la facultad. Corríamos como alma que lleva el diablo, con el corazón en un puño, volviendo la cabeza por si veíamos acercarse a los grises. El ulular de las sirenas cada vez más cercano nos intimidaba. Trepamos y saltamos varios muros y cruzamos la vía férrea hasta llegar al borde de la ría. El agua color chocolate y el cielo gris no invitaban a la euforia. Las viejas fábricas del Nervión echaban un denso humo gris por sus altas chimeneas. Era un paisaje desolador. Pero ya no escuchábamos más sirena que la de los barcos. Nos juntamos cuatro o cinco estudiantes. Algunos nos conocíamos de vista. Nos miramos detenidamente, como preguntándonos qué hacer. El que tenía más iniciativa nos animó a coger el gasolino, la barca a motor que utilizaban los lugareños para pasar de una a otra orilla.


   Con el traqueteo del motor íbamos guiados por el silencioso patrón hasta la otra orilla. Sospechábamos unos de otros. La delación y la calumnia estaban a la orden del día. Alguien insinuó que el muchacho del mostacho negro, de ojos claros y pelo largo, sentado en la popa, natural de Burgos, y aquejado de timidez, era un soplón, pertenecía a la secreta o con toda seguridad era un miembro de la Brigada Político Social. Lo recuerdo sentado en la popa, apenas un monosílabo salió de sus labios, los hombros encogidos, como pidiendo perdón por acompañarnos.

viernes, 25 de febrero de 2011

La soga en casa del ahorcado

   En un alarde de transparencia filiales de Prisa informan de los conflictos acaecidos por los despidos de periodistas. Los medios de la competencia que también han firmado despidos 'hacen sangre'.

   El periodista precario avanza, mientras las multinacionales de la comunicación se forran. Un símil tan parecido a los beneficios anunciados por las multinacioniales españolas mientras anuncian nuevos despidos de miles de trabajadores. De nuevo hay terreno abonado para la demagocia. ¿Dónde está el dinero? ...

(la foto es de http://www.elpais.com/)

DESPRESTIGIAR LA PROFESIÓN

"Buscamos estudiantes de periodismo o sucedáneos (web de fútbol). Dale más visibilidad a este anuncio
103 personas han visto este anuncio". Los autores del anuncio se retratan sólos. Para periodista vale cualquiera. El primero que pase por la calle tiene plaza.


   "Los creadores de Diario Anti Marca, estamos desarrollando un nuevo proyecto web de carácter deportivo. Buscamos estudiantes de periodismo, periodistas, personas con el don de la escritura…en definitiva, gente que quiera y sepa escribir. Pero sobretodo, buscamos personas con ética, moral, humildad, profesionalidad, con respeto a todas las peronas y que AME el fútbol. Buscamos de todas partes de España, queremos cubrir la información de todos los equipos de 1ª División, así pues, si eres aficionado de un equipo en concreto mejor. Considero que es una gran oportunidad para daros a conocer. ¿Porqué? Los datos de de Diario Anti Marca son: Facebook más de 11.000 fans, Twitter 1.300 seguidores,
130.000 visitas/mensuales en la web. El nuevo proyecto es mucho más ambicioso y estimamos tener mayor repercusión. Si te interesa, reúnes estas cualidades y quieres colaborar en nuestro nuevo proyecto, solicita más información. Por favor, háblame de ti en el correo, quiero conocerte mínimamente, por ejemplo, lugar de residencia, edad, preferencias futbolísticas, motivos por los que te gustaría colaborar y qué quieres aportar. Gracias de antemano".
+INFO: http://www.anti-marca.com/buscamos-colaboradores-para-el-nuevo-proyecto/







miércoles, 23 de febrero de 2011

Pies en polvorosa

   Un día sin saber por qué a todo se le acaba cogiendo manía. A tu casa, a los estudios, a la ciudad en la que vives y hasta a los amigos. Ellos también suponen un freno. Así que te planteas empezar a dejar de verlos para evitar que interfieran en la decisión tomada.

   Esa mañana te levantas detestándolo todo. Una fuerza interior te exige poner pies en polvorosa y buscas para despedirte un lugar que recordarás siempre. Desde lo alto del monte Archanda gritas a pleno pulmón: ¡Bilbao, ahí te quedas! No hay un eco que devuelva tu última llamada de auxilio. Así que solitario fumas un cigarrillo, para ti el de la despedida, mientras contemplas el bocho, esa inmensa hondonada en la que cabe el Nervión, entonces una ría color chocolate, San Mamés, la catedral del fútbol, y poco más.
La ciudad se ve cada vez más lejana como un plano que se desdibuja. Hay niebla en los ojos. Ves caer la noche sobre las casas, incluida la tuya, que se iluminan gradualmente. Abajo serpentean luces por las carreteras circundantes, los faros de los automóviles van señalando el camino de regreso a casa. Sobre las aguas de la ría los potentes focos de un trasatlántico anuncian que emprende una larga travesía. Un viaje del que no te importaría formar parte.
Ahí en lo alto, con la ciudad a los pies, un gran vacío te devora. De golpe lo dejas todo, amigos, familia, una forma de vivir y te resistes aunque la decisión, sin ser tu plenamente consciente, ya ha sido tomada.

   Te decides a bajar del monte, tomando el funicular rojo y blanco que repta como un caracol llevando en su interior familias alegres y parejas de enamorados. Miras por la ventanilla contemplando miles de lucecitas tras las que imaginas una vida feliz y subes la vista hasta la ladera del monte, una mancha incierta, y más arriba el cielo estrellado te anuncia el final del día.