viernes, 18 de febrero de 2011

Como el cuchillo en la carne


   La niña entró en la adolescencia como el cuchillo penetra en la carne. La página de sucesos del periódico pasó a convertirse en su Biblia particular. Con unas tijeras largas y afiladas recortaba los crímenes hasta llenar un álbum; luego, lo encuadernaba y aspiraba el olor de la sangre, el sexo y las vísceras.

   Antes de entrar en la difícil adolescencia era una niña extremadamente dulce; de esas que recogen en su regazo un pájaro con las alas rotas y lo anegan de lágrimas. Cuando se vale por si solo lo echan a volar y mientras disfrutan con su alegre batir de alas rebrotan las lágrimas. Rubia como un ángel y de intensos ojos azules, sus progenitores creían a Rosa una estrella en un firmamento limpio. Fue a los doce años, al romper la pubertad, cuando empezó a excitarle el mal. Lourdes pelo ensortijado y ojos verdes fue su obsesión. Compañera de instituto, tenía la cara radiante pero el cuerpo se le afeaba en unas anchas caderas que contrastaban con sus hombros escurridos. Su andar patoso la delataba.
   Una noche insomne llegó la señal. Rosa saltó de la cama y se plantó en la mullida alfombra. Todo el cuerpo le temblaba. Se vistió con apresuramiento sin atreverse a mirarse al espejo, un espejo gigantesco que le devolvía su imagen quintuplicada. Bajó de puntillas, los pies menudos flotando sobre la escalera, hasta el despacho de su padre. El abrecartas brillaba sobre la mesa como oro líquido. Lo cogió con su mano infantil y salió al porche. Con premura se deslizó por el paseo ajardinado tenuemente iluminado por farolas isabelinas. El abrecartas encerrado en el puño como un frágil tesoro emitía destellos dorados cuando abría sus ágiles dedos.

   A doscientos metros, en línea recta, estaba la casa de Lourdes. Una mansión señorial sobre cuya fachada la madreselva se enredaba en un discurrir sin fin. Sus pies menudos flotan por la vereda bajo la luna llena. Su compañera dormía plácidamente, los brazos cruzados sobre el pecho, el pelo ensortijado caído sobre las cejas tan negras como el carbón. Un hilillo de baba escurre por las comisuras de sus labios carnosos; la fuerza de Lourdes está en esos labios rotundos que se abren como una planta carnívora. La desmañada adolescente cuando habla parece que fuera a devorar a su interlocutor. En el recreo, escondida tras un rododendro, Rosa se extasía con el fluir de esos labios gruesos y rojizos; unos labios que le causan un inexplicable temor cuando sonríen.
   Pisa la hojarasca y siente como se deshace en partículas de polvo bajo sus pies menudos. Con decisión trepa por la húmeda fachada, las manitas arrancando trozos de madreselva; lleva el abrecartas sujeto en la boca como un pirata que trepara al palo mayor. Un golpe seco en la ventana sobresalta a Lourdes y le hace abrir sus verdes ojos asombrados bajo unas pestañas largas y rizadas. Sentada en la cama escucha un repiqueteo insistente de unos frágiles nudillos que confunde con la lluvia. Con decisión pega su rostro al cristal. No llueve. En lo alto la luna llena parece jugar entre las nubes. Encaramado en el alféizar le sorprende el cuerpo grácil y menudo de la extraña compañera de instituto. Al reconocerla da un tímido paso hacia atrás. Animada por su angelical sonrisa abre la ventana.

   Rosa da un salto al interior y empieza a jadear de manera convulsa sobre la mullida alfombra. Su mano infantil se abre como una flor. El abrecartas resplandece. Con un certero impulso lo deja prendido en el tierno corazón de Lourdes, que se desploma sin un gemido. Arrodillada ante su obra avista el círculo blanco corriendo desesperado hacia el Norte. Como un ángel sale por la ventana que deja entreabierta. A la mañana siguiente despierta en su lecho con un fuerte dolor de cabeza. Su padre está postrado en su butaca azul, la cabeza cana hundida entre las hojas del periódico; su madre, apoyada en la cómoda, sostiene un arrugado pañuelo entre las manos.

-¿Qué sucede?- pregunta con la voz apostada de quien regresa de un sueño.
- Una chica de tu colegio ha sido asesinada- le anuncia su padre, la voz quebrada, la cabeza oculta en el periódico.
- Dicen que un abrecartas le partió el corazón.
- Pobre niña! ¡Qué muerte más horrible!- suspira la madre, la punta del pañuelo clavada en el lagrimal.
Y añade:
-Hoy no quiero que salgas de casa, ángel mío. La muerte acecha.
Apenas acabada la frase retumba la aldaba de bronce.
Su madre mira con ojos de espanto al comisario. Sin dar las buenas noches ha preguntado por la existencia de un abrecartas chapado en oro.
-Tengo uno igual en el escritorio y ahí seguirá- responde la inocente voz el padre.
No tarda en regresar, demudado y envejecido; las manos vacías balanceándose hacia el techo. El grito de histeria de la madre hace vibrar los cristales de las ventanas.


”...Lourdes Nombela era el ala de mosca arrancada por un niño una tarde de aburrimiento; el muñeco destrozado contra la pared en un momento de ofuscación; la gota de sangre que brota del suelo cuando se rompe un espejo...” Adolfo Oyarzun, el psiquiatra, siente un placer inexplicable con esta lectura, es como el gozo que experimenta el entomólogo ante un insecto que creía extinguido. El diario le fue entregado por la policía junto con el album de recortes sangrientos de Rosita Cintrón.
   El primer recorte procede del tablón de avisos del instituto. Con el encabezamiento de A nuestro querido alumno se prendió en el corcho una hoja del periódico local. Mario Cantón hallado desnudo con la cabeza en el río, leyeron alumnos y profesores en el rojo titular. Rosita Cintrón quedó petrificada ante la visión de aquella hoja mágica encerrada en la vitrina de cristal iluminada con una pequeña fluorescente y protegida con un candado que parecía de juguete.
   Alumnos y profesores alertados por la trágica noticia cabeceaban histéricos ante el panel. A punto de perecer por aplastamiento la niña fue ganando terreno a fuerza de voluntariosos y certeros codazos en estómagos, glúteos y genitales. Al final de la tarde, el pasillo solitario, se quedó transpuesta ante el recordatorio de Mario Cantón. Bajo la hoja de sucesos, fuera de la vitrina, colgaba un manojo de folios blancos encabezados por la rúbrica del director del instituto. No firmó. Hipnotizada leyó una y otra vez la secuencia de los hechos: “Un pescador encontró en la tarde de ayer el cuerpo sin vida de Mario Cantón. El niño al que en un principio creyó desvanecido, pudo comprobar horrorizado que tenía la cabeza dentro del agua. Suspendida en la corriente flotaba como una hoja su manita amoratada.

   Poco después la policía se personó en el lugar de los hechos y esperó a que el juez de guardia ordenara el levantamiento del cadáver para iniciar las oportunas diligencias. Mario Cantón desapareció cuando se dirigía del instituto a su domicilio distante apenas un kilómetro. Un testigo aseguró haberle visto a las tres de la tarde corretear por la vereda que conduce al viejo molino. El médico forense dictaminó que “el niño fue salvajemente agredido, le ensartaron con saña un palo en el ano...”. Una mano indulgente borró con rotulador el resto del informe pericial. Rosita Cintrón saltó con una horquilla del pelo el cierre del candado, deslizó el cristal biselado con suavidad y se apropió del recorte. Esa noche bajo la luz de una lámpara consultó en el diccionario la jerga utilizada por el periodista; había palabras que sentía violentas y le llegaban muy hondo aunque desconociera su significado. Leído su primer recorte, con sus manitas angelicales lo pegó y encuadernó en su album con el lomo de color rojo sangre.

- ¿Por qué lo hiciste?
- Fue por necesidad.

Esta era la parca confesión recogida en el informe de la policía. Adolfo Oyarzun con el sumario en la mano da vueltas a la imperiosa respuesta de la adolescente; en la otra mano agita una ficha en la que se contienen los datos básicos de su perfil: doce años, infancia feliz, padres comprensivos y cariñosos. Adora a las plantas y a los animales y es niña de grandes virtudes. Cada vez se tropieza uno con más personas sociables, amables en extremo, discretas según sus amigos, y asesinos natos en versión policial. Nadie sospecharía de un ángel rubio de intensos ojos azules, medita mientras en sus oídos resuena la brutal confesión: fue por necesidad.

   A mi niña tan solo le faltan alas- confiesa su madre echada en el diván bajo los efectos de una fuerte depresión.

   Con voz sedada rememora ante el psiquiatra aquél día en que mirándose al espejo vio desplegarse de sus costados unas alas blancas como la nieve.

-Mi niña alzaba las alas y se ponía a aletear con una risa loca.
   Tras suministrarle un calmante la imagen de su niña flota por toda la habitación hasta que se sienta con desmayo infantil, un pajarillo de alas rotas en su regazo.

-Mamá, ¿crees que se salvará?
  La niña, pálido el rostro, humedecidas las mejillas, indaga en el origen de la pena empañados sus dulces ojos azules. El pajarillo se estremece en el cuenco que forma su mano; el temblor de las plumas le hace sentir un alegre cosquilleo, un placer liviano que le obliga a cerrar los ojos y soñar.
-Con sus frágiles dedos le apretó el cuello, el pajarito abrió los ojos como si adivinara lo que iba a suceder. Aún me cuesta creerlo pero quedó muerto en su regazo- confiesa la madre.
-En el fondo le gustaba sentirlo agonizar entre sus blancas manitas. Eso le confería poder- subraya lacónico el psiquiatra.
“Rosita Cintrón jugaba a adelantarse a la muerte”, teclea el psiquiatra en su ordenador.
   Y continua: “En los primeros juegos de infancia se aprende a matar. A matar y a hacerse el muerto. Una dualidad que se vive desde muy niño. Estoy muerto y te mato, te mato y muero, esta es la cadena que envuelve nuestra vida. El niño se apropia bien pequeño de la muerte, no tarda en sentirse su único dueño. Tumbarse en el suelo, aquietar la respiración y no mover un músculo. Ese es el secreto. Inmóvil escucha como todo palpita a su alrededor mientras cree que los demás le ven muerto, entonces nada siente y se cree un objeto inerte en el suelo. Hasta que estallan las risas desconcertadas de sus compañeros y entonces de un salto se levanta y ríe a carcajadas. Esa risa histriónica es la señal para volver a la vida.”
   Deja de teclear, se pone en pie y discursea ante la madre a la que considera una víctima de las circunstancias.
-A Rosita Cintrón le agrada el susto que lleva aparejada la muerte. Siento decírselo a usted como madre que es pero su hija disfruta con la elocuencia de un grito de terror o con la expresión de unos ojos angustiados.
-¿Qué me trata de decir?
-Lourdes Nombela no fue su única víctima.
La madre da manotazos en el aire y abre y cierra los puños como si jugara a atrapar algo escurridizo.
- Mi niña es un ángel que revolotea a mi alrededor.
- Debe aceptarlo cuanto antes –Adolfo Oyarzun le apunta con el índice al corazón- primero por el bien de usted, y luego por el de su hija.
- Mi niña es un ángel, un ángel bendito. Nunca haría mal a nadie.



   Minutos antes de que partiera para el reformatorio su madre, henchida de gozo y orgullo, dijo a sus amistades:
-¡Que mayor se ha hecho nuestra niña! Se va a un internado de las monjas Clarisas.
   Su padre parado en el porche, no alzó la mano cuando arrancó el coche policial aunque el corazón se lo demandara. En ese preciso instante pensaba en como su niña había mudado de piel como una serpiente. El coche policial se pierde al fondo de la avenida. Rosa Cintrón mira al frente y sonríe como una niña a la que llevaran de excursión. Sus padres recuerdan todavía su cabello de ángel flotando tras el cristal.





miércoles, 16 de febrero de 2011

Rubalcaba+desempleados=pérdida de elecciones

   Parece mentira que al calificado como miembro más inteligente del Gobierno le haga morder el anzuelo una chiquilla de la derecha civilizada. Rubalcaba ha perdido una vez más los nervios ante Soraya Sáenz de Santamaría. La popular sabe llevarle al redil cuando quiere. Lo triste es que al igual que otros miembros del Gobierno y de la oposición, el vicepresidente y ministro del Interior juegue con el drama de los parados.

   "Coger los cientos de millones de la trama Gürtel, dividir por el salario mínimo de un español y saber el número de desempleados que podríamos haber contratado en España si usted o, perdón, la gente de su partido no hubiera, presuntamente, robado". Esto le dijo el que creíamos caballero templado a la dama popular. La ecuación se ha vuelto en su contra: Rubalcaba+desempleados=pérdida de elecciones.
   Este es un momento para recordar una vez más como el parado no deja de ser mercancía electoral. Ahí van las frases más sangrantes:

Caladero de votos
“Que nadie quede abandonado a su suerte, aunque pierda su puesto de trabajo”
José Luis Rodríguez Zapatero
“Cada familia que ha visto cómo pierde su empleo un padre o un hijo que sepa que el Gobierno está trabajando por ellos cada día y que hará todo lo que esté en su mano para que no tenga una situación de grave dificultad”
José Luis Rodríguez Zapatero

“Tengo varios familiares en desempleo, sí, y procuro ayudarlos. En los peores momentos de paro, la institución familiar salvó la situación y ahora volverá a hacerlo. La red de solidaridad más importante que existe es la familia; por eso dedicarse a destruir la familia y sus valores es bastante absurdo”.
José María Aznar

«La recuperación económica llegará cuando Zapatero se quede sin empleo y Mariano Rajoy sea el presidente de la nación»
Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid

“No se sabe cuál es la calidad de un gobernante hasta que no se enfrenta a una crisis”
Felipe González

“Este Gobierno debería terminar cuanto antes”
José María Aznar, ex presidente

"Creo que el PP ha establecido una estrategia de cocernos a fuego lento. No va a ayudar a que salgamos"
Ramón Jáuregui, cuando era candidato socialista a las elecciones europeas

“Rajoy quiere llegar a La Moncloa a costa del sufrimiento de la gente que pierde su empleo”
José Blanco, cuando era vicesecretario general del PSOE y ministro de Fomento

"Si no es capaz de gobernar, déjenos a los españoles decidir quién nos gobierna"
Rosa Díez (UPyD)






martes, 15 de febrero de 2011

Creencias de niño que se derrumban

   De niño con el corazón acelerado llegaba hasta la iglesia de San Felicísimo en el bilbaíno barrio de Deusto. Lo que había en su interior me atraía poderosamente. No sé como explicarlo. Aunque haya dejado de creer, perdí la fe al poco de hacer la primera comunión, lo que está fuera de lo común me llama la atención.

   Al pisar la nave central el olor a incienso me recuerda las mañanas de domingo arrodillado en el reclinatorio escuchando las prédicas del párroco. Entonces las llamas del infierno acechaban. Presa de una curiosidad malsana me acercaba hasta el fondo de la nave pisando suavemente. En la urna de cristal sigue hoy el que yo creía el cuerpo incorrupto del santo. Corto de estatura, apenas uno cincuenta, San Felicísimo tiene la cara macilenta, del hábito sobresalen sus pies ennegrecidos y los dedos como lapiceros afilados, las uñas crecidas como garras. Tiene la piel apergaminada. Me impresiona sobremanera el tajo en el cuello.
Ahora publicaciones sacadas de Internet me desvelan la realidad: "El cuerpo de San Felicisimo no se converva incorrupto. La imagen que se venera expuesta en la urna es como la concha que encierra la perla; es decir, los huesos benditos, las santas reliquias del Mártir que descubiertas en las catacumbas romanas fueron traidas a Bilbao como el más preciado de todos los tesoros..."
A quien le interese más información puede visitar: http://hedatuz.euskomedia.org/2673/1/18309319.pdf

lunes, 14 de febrero de 2011

Cuernos en San Valentín

   La información se trajinaba y se servía como un instrumento de poder. “Si haces eso yo evitaré que publiquen lo otro”, se escuchaba a menudo.

   "Si estaba naciendo un amorío entre la gente del mundillo, el personal sabía que tenía que poner punto en boca. Los maridos y las esposas eran siempre los últimos en enterarse de que sus respectivos cónyuges se la estaban jugando”.
Shirley Maclaine Baila mientras puedas (su libro de memorias).

   La famosa actriz tuvo que poner punto en boca infinidad de veces para no dar carnaza a la prensa del  corazón. Hoy día de San Valentín habrá enamorados y falsos enamorados. Estos últimos están en la lista negra de Shirley Maclaine.

domingo, 13 de febrero de 2011

Benedetti te debo este domingo

   La muerte y otras sorpresas podría ser mi libro de cabecera. Lo abro y me entra el aire taciturno de su mirada al tiempo que sus palabras parecen darme palmadas en la espalda. Le debo este domingo al uruguayo Mario Benedetti y a él se lo dedico. No merece menos.

   Hace casi dos años que se nos fue pero yo disfruto con este encuentro. Y más cuando me habla: "los lectores que siempre han respirado a todo pulmón y a todo bronquio, no pueden ni por asomo imaginar el resguardo tribal que proporciona la condición de asmático". Benedetti se defendía. La enfermedad que le acompañó toda su vida, daba cadencia y ritmo a su escritura. Domingo para el escritor de los párpados caídos.

Jóvenes en la noche

   Son esas horas en las que verdaderamente se sienten libres, dueños de su vida y del mundo. Se sueltan la melena y se sientan en las aceras a ver pasar la vida.

   Para ellos el tiempo pasa alegre, confiado, sin mirar el reloj. Lo consultan una y otra vez sus padres.  Algunos no pueden parar quietos en casa. Dan vueltas, ven la tele sin verla, apuran una conversación, derraman una copa y de nuevo se preguntan: ¿qué hará en este momento, mi hijo? Hasta que uno de los dos cae en la cuenta de que una vez también fueron jóvenes. Y arrasaban en las discotecas. También fueron jóvenes nocturnos.

   En la noche las ciudades de todo el mundo se pueblan de jóvenes. Van con la sonrisa distendida, los músculos flojos, con ganas de una cita. El cruce de miradas se multiplica de una a otra acera, también los gritos y los saludos son más elocuentes. En unas horas, con la amanecida, regresarán a casa. Se echarán en la cama. Y no se les verá hasta la hora de la comida. Somnolientos, huraños. Menos libres. Así es la vida.

jueves, 10 de febrero de 2011

¿Hay luz al final del túnel?

   ¿O esté se volverá más oscuro y tenebroso? Adivinar lo que se nos viene encima en estos tiempos es una tentación incontrolable. Y cuánto más grande es la predicción que lanzas más cerca estás de ser omnipotente. Si aciertas te creerán cercano a Dios, algunos el propio Dios. Pero si fallas te arrojarán a las llamas del infierno.

   Así que para no errar y tener a todos contentos voy a seguir los sabios consejos de una reputada futuróloga que en su día profetizó: "Lo que ha sucedido en este año y medio con el cambio de previsiones constantes por parte de todos los organismos, pone de manifiesto que es una sabia decisión esperar hasta el último momento para hacer las previsiones". Parece un galimatías pero este era el sabio consejo que dio Elena Salgado, que ha llegado a dirigir la Economía de España. Esta vicepresidenta fue la que alumbró una falsa primavera con brotes verdes pero también fue la que olvidó profetizar que una helada (y no por un crudo invierno) los arrasaría.

   Y es que antes de profetizar hay que saber que todo aquél que vaticine el futuro debe tener en cuenta el comportamiento bipolar de sus predicciones (no me refiero a la ministra, pese a lo que está cayendo se la ve muy cuerda todavía) síntoma inequívoco de la esquizofrenia en que vivimos. Hay radica el riesgo y la emoción de este singular oficio: saber combinar el blanco con el negro, la alegría y la tristeza, el optimismo y el pesimismo. ¿Me siguen?...Y aunque lo parezca esto no resulta fácil. Verán porqué. Durante los últimos años asistimos sin pestañear ni derramar una lágrima a un baile incesante de indicadores económicos contradictorios que primero ofrecen un sombrío panorama y luego expectativas de mejora. Algunos dicen de estos indicadores o señales que son las mentiras encabalgadas en la crisis. Yo para ser más suave los califico de falsos espejismos. En España llevamos unos cuantos y no hace falta que los recuerde para no amargaros el día. Todos queremos saber que nos deparará el futuro. Y yo estoy en condiciones de aventurarlo mejor que nadie.

Así que para entrar en materia os propongo un reto universal: si el profeta Daniel predijo algo -que nadie había imaginado todavía, ni siquiera se sabía de su posible existencia- como fue la llegada de Jesús, El Mesías (luego se descubrió que el propio Jehová (Dios) le había pasado información privilegiada, consultar Daniel: 9:25), yo, humildemente, voy a profetizar el fin de la crisis con años, meses, días, horas, minutos y segundos…Soy consciente de que corro un gran riesgo: ser tomado por un loco, por un genio o caer en el más espantoso de los ridículos. Pero gustosamente y por el bien de la humanidad y de España me expongo a ello. Siguiendo el consejo de la vicepresidenta Elena Salgado he decidido esperar hasta el último momento para hacer mi profecía. Otros más sabios que yo me han precedido en el arte de adivinar lo que todavía no se ha producido. Pero así como ellos predicaron ruina, yo alumbraré tiempos de prosperidad.

   Corría el año 2006, cuando delante de un selecto auditorio, un economista hizo una serie de predicciones que incluían una crisis bancaria, del petróleo y una fuerte recesión, la más grande desde la Gran Depresión. Alertó además que la burbuja hipotecaria en los Estados Unidos estaba a punto de explotar. Sus predicciones fueron objeto de burla, mofa y escarnio y le faltó el canto de un duro para ser ajusticiado. En este 2011 yo me atrevo –y os pongo a todos por testigo- a correr los riesgos que corrió Nouriel Roubini que así se llamaba este santo que profetizó la crisis mundial. Lamentablemente Roubini (nacido en Turquía y nacionalizado norteamericano) predicó en el desierto y el mundo está pagando las consecuencias de no haberle escuchado.



   Si a Roubini lo podemos encuadrar en la categoría de los profetas mayores conviene no hacer de menos a los profetas de andar por casa que todos llevamos dentro. Es el caso de Edward Hugh, un profesor a tiempo parcial, en la edad de la jubilación y afincado en Barcelona (en la imagen con su portátil), cuya figura ha glosado nada menos que el New York Times. Durante años, nadie prestó atención a las advertencias de este británico y economista autodidacta que repetidamente predijo desde un cibercafé (enviando cual lunático un mensaje tras otro al Fondo Monetario Internacional y otros poderosos organismos) que la zona del euro no podía sobrevivir. Su razonamiento era sencillo: los ancianos y tacaños alemanes no pueden coexistir bajo el mismo techo con los irlandeses, portugueses griegos y españoles. Ahora que la crisis sacude a los mercados mundiales sus reflexiones son de lectura obligada en la Casa Blanca. Pero lamentablemente al igual que les sucede a los grandes profetas, Edward Hugh adivina las tragedias mundiales pero no las que se ciernen sobre su cabeza. Hasta el punto de que tuvo que pedir dinero prestado para comprarse ropa. Pero no perdamos el hilo. Ahí va mi predicción: las vacas gordas llegarán a las 17 horas 35 minutos 8 segundos del 30 de enero de 2014. Sólo queda esperar para santificarme o si me equivoco –algo poco probable- echarme a la hoguera. No tardará en aparecer otro profeta para alumbrar nuevas profecías.