viernes, 18 de marzo de 2011

¿Ahorro o penuria?


   La imagen de abajo es la metáfora de un país que no acaba de encontrar la salida. 
   ¿Ahorro o penuria? es la pregunta del millón.

   Cada vez más ciudadanos hacen esfuerzos ímprobos para llegar a fin de mes. Parece que todo se conjura en su contra: a los problemas domésticos (gobierno ineficaz, oposición insolidaria) hay que sumar los externos (guerra en Libia, sube el crudo/terremoto en Japón se tambalea la economía mundial).

   ¿Y mi bolsillo? se pregunta distraídamente el ciudadano. Mengua cada día más. Ya le resulta imposible hacer frente a determinados pagos. Muchos se han convertido en morosos obligados mientras en la acera de enfrente menudean con descaro los usureros del siglo XXI. Prestamistas que les prometen financiación a altos tipos de interés (eso si tan bien empaquetada que las deudas las podrán pagar sus nietos) a cambio de su sangre.
   Cae lentamente el gel hasta rebosar en la mano del ciudadano cuando destapa la botella. Entonces se frota creyendo limpiarse las impurezas del día. Pese a todo, buen fin de semana.

jueves, 17 de marzo de 2011

Tokio, ciudad maldita

   Así al menos se deduce del titular de El País de hace un momento (la información que reproduce no es propia si no de agencias). Si la hasta hace poco poderosa nación padece una enfermedad contagiosa, la capital no es nada recomendable.

   Es una lástima que los titulares sean tan proclives a crear pánico. Una cosa son las recomendaciones y otra estigmatizar a una población de más de 38 millones de habitantes. Algunas autoridades internacionales  juegan con fuego al dar mensajes tan brutales. Es como si el fin del mundo hubiera elegido por donde empezar.

   Las alertas están creando un clima irrespirable en un país ya de por si irrespirable. Menos mal que los nipones saben mantener la calma en las circunstancias más extremas. Un país tan bello y moderno no puede ser borrado del mapa porque bajo sus pies se asiente parte del infierno en la tierra. Ciudadanos acostumbrados al horror -ya saben lo que que hablo y que pasó exactamente hace 66 años- no se derrumban ante esta gran hecatombe.

  La expansión de la onda radiactiva de momento es más virtual que real. Los japoneses al parecer están tomando las medidas de prevención adecuadas para evitar males mayores. Las pastillas de yodo se reparten con normalidad sin que  se haya detectado un mercado negro. Otro indicador de que está población está más sana de lo que parece.

  Un diario nada sensacionalista y más bien ecuánime y equilibrado como La Vanguardia dejaba este recuadro en su portada digital hace un momento

miércoles, 16 de marzo de 2011

Apocalipsis, NO


La palabra más destructiva que existe ya está escrita en los periódicos: Apocalipsis. No debemos decir a esta palabra ante la situación tan terrible que viven en Japón. El país necesita esperanza.
      No podemos perder la cabeza y sentir que el mundo se nos viene encima. Por que entonces nos convertiremos en Sísifo. Como todos sabemos Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio.


  "La montaña más dura no me la he encontrado en los ochomiles sino en el día a día", confiesa la alpinista Edurne Pasabán. “Cada uno tiene que encontrar su ochomil, su proyecto que le ayude a superar los obstáculos y a avanzar. Y cada uno tiene que idear sus propias estrategias para conseguir sus objetivos, paso a paso”, aconseja esta alpinista ante los contratiempos que la vida nos presenta. 

   Nada debe arredarnos ante los obstáculos ni siquiera la edad. El septuagenario Carlos Soria ha coronado diez ochomiles, seis a partir de los 65 años.


  ¿Y cuando acabe con los 14 ochomiles, qué?

   Seguiré subiendo montañas, lo que más me gusta es escalar y ahora me han entrado unas ganas tremendas de escalar en hielo, especialidad en la que empecé ya mayor, a los 60 años.


lunes, 14 de marzo de 2011

Japón de luto

   Es el momento de dar paso a los poetas. En Japón todos están preparados para cantar sus epitafios en vida. Es la cultura de la muerte. Muchos japoneses se preparan para morir en cuanto sienten que su hora se acerca: escriben poemas, o frases o pequeñas reflexiones sobre la muerte...


Hacen el testamento, para repartir sus propiedades, y hacen reparto de recuerdos personales para amigos y familiares. Estas disposiciones se toman en un momento de especial serenidad, e incluso se espera el viaje a otro mundo con cierto agrado y con mucha esperanza. Los preparativos no solo demuestran una actitud realista ante la muerte, sino que aportan sosiego permitiéndoles poner en orden sus asuntos espirituales, cerrar rencores, y enemistades, y pedir perdón por sus faltas.



  Lamentablemente el terremoto les ha impedido hacerlo con sosiego. 
 Es una cultura muy diferente a la de Occidente. 

   He aquí un haiku premonitorio del siglo XVII:
"Este camino / ya nadie lo recorre / salvo el crepúsculo"
   Matsuo Bashoo (1644-1694)
  Y van otros dos más, muy expresivos:
Quien viene sólo sabe que viene.

Quien se va sólo conoce su final.
Para salvarse del abismo
¿Por qué sujetarse al precipicio?
Las nubes bajas
Nunca saben adónde las llevará la brisa.
(Banzan)
Hoy, pues, es el día
en que el muñeco de nieve que se derrite
es un hombre.
(Gaki)

   Poetas sudamericanos como Octavio Paz practicaron el haiku, pero dejamos este del gran Mario Benedetti:
La muerte invade

de vez en cuando el sueño
y hace sus cálculos

domingo, 13 de marzo de 2011

Japón nuclear

   El miedo a la radiactividad está en la piel. Los niños son registrados por el detector y se ponen manos arriba como en una película. La tragedia para ellos es un juego.


   Mientras Japón recuenta a sus muertos los niños juegan a un juego interminable. Algunos tendrán pesadillas recurrentes varias noches seguidas, otros se creerán personajes de un manga (el popular comic japonés): la tierra tembló por el monstruo. Los niños se hacen grandes en las tragedias y los hombres empequeñecen.


   Y parecerá obsceno pero mucha gente en el mundo pese al bombardeo incesante de información en la Red y los móviles se irá esta noche a la cama ignorante del terremoto de Japón. Mientras el gran temblor puso el punto y final (inesperado) para miles de japoneses. ¿Qué fue lo último que hicieron las víctimas? Dar un beso en casa y decir hasta luego, no despedirse sin saber que sería para siempre, irse enfadados para reconciliarse en el más allá...¿Y los miles de desaparecidos? ¿Qué pasa por la cabeza de los que aún están vivos?

   Incredulidad en las miradas, pavor, sorpresa, indignación. El sol rojo muere en Japón y el luto lo ennegrece todo. Pero ellos sabrán salir de esta gran pesadilla

viernes, 11 de marzo de 2011

Japón, muerte en directo

  
   El hombre empequeñece en la imagen de abajo. Pero los japoneses demuestran su carácter disciplinado. Caminan en línea recta y sin romper la fila, aunque el mundo se abriera bajo sus pies.

  
   Sorpresa, estupefacción, los ojos oblicuos abiertos como platos. Estos dos ejecutivos miran el mundo exterior protegidos tras el cristal, pero saben que a ellos también les puede tocar. La muerte no discrimina. Y el mundo se tambalea afuera, a estas horas (12 de marzo, 19:21).


   Se abrirán cielos y tierra y como dirían los profetas llegará el fin del mundo. Y ha llegado para una parte de Japón en donde las vidas se cuentan menos que las muertes. Al desastre natural se une ahora la 'explosión' del ingenio construido por el hombre (malditas centrales nucleares) cuya desvastación la padecerán generaciones futuras.

   En ese mar de fuego y desolación que retrata la NASA (imagen de arriba) continúa la búsqueda angustiosa de supervivientes. Rascacielos que se doblan como juncos azotados por un viento infernal, trasatlánticos que parecen barcos de papel en la bañera de un niño que revuelve con furia el agua, coches que se deslizan impelidos por la atracción de la desgracia. Y al fondo una central nuclear (explota, no explota). Uno se ve pequeño ante la inmediatez de la desgracia, escucha la radio e imagina. Hoy no es un día para leer periódicos y menos ver fotografías, apaga la televisión y respira. La guadaña de la muerte no descansa.

   Miles de vidas truncadas, nombres que se repetirán una y mil veces en la noche, un hasta luego que se quedó en un adiós definitivo. Apocalipsis, destrucción ¿qué hemos hecho para merecer esto? Algunos tendrán remordimientos, se sentirán culpables. Una desgracia infinitesimal. Las palabras curarán pero no ahora, sólo sollozos, lamentos, suicidios…y ausencia una AUSENCIA tan grande como el terremoto que deja grietas en el alma, hendiduras por las que se escapa el alma

   El sol rojo de la bandera de japón está de luto. La muerte que no discrimina se reparte entre clases altas, media y bajas. En playas, ciudades y montañas. La marejada está llegando a California. La prensa norteamericana cubre en vivo la llegada del oleaje a sus costas.

   El mundo tiembla ante la magnitud de la catástrofe. Otros países están en alerta ante el replique inmediato por la fallas abiertas. En América Latina están preparados ante lo peor. En Chile ya se ha producido el efecto contagio.

   Ecuador decretó el estado de excepción y llamó a la población a estar lista para una "amenaza inminente". Chile evacuó la Isla de Pascua en el Pacífico. Perú y Colombia monitorean las aguas. Llueve la desgracia entre los japoneses. Su economía en franca recuperación retrocede ante un desastre natural. Llueve muerte en todos los continentes. En unos son fenómenos de la naturaleza, en otros (Libia) la mano maligna del hombre. De nuevo el hambre y la miseria incendian varios puntos del planeta. Las olas del tsunami se alzan como gigantes y arrojan los cadáveres a las playas.
" y ya gime el mañana entre un montón de escombros alineados: televisión, anuncios, flash, periódicos..."
Blas de Otero un gran poeta




jueves, 10 de marzo de 2011

Los medios de comunicación deben levantar el estado de ánimo

   "He comprado el periódico para comprobar una vez más la falta de información"
   Blas de Otero

   En tiempos de crisis hace falta vitalidad para tirar para adelante. No ayuda el realismo de que hace gala este empresario:

Los medios de comunicación no están precisamente contribuyendo a levantar el estado de ánimo.

   Debería estar en sus genes, en su código de ética animar a la población en tiempos sombríos. No hace falta machacar con los datos malos archiconocidos.
   También hay noticias positivas para que el ciudadano no sienta el peso de la culpa todos los días.
   El terremoto de Chile es la metáfora de la destrucción y las palabras de su presidente, Sebastián Piñera, un testimonio de como hay que ponerse en pie. Los medios de comunicación tienen a la población con la rodilla en el suelo:

   No podemos estar siempre retrocediendo. Avanzar también es ser realista.

   "...Las grandes empresas anucian el consumo de la sociedad consumiéndose a si misma,
   el hombre mira, palpa,intenta avanzar hacia la costa..." Blas de Otero