domingo, 8 de marzo de 2026

Cuando las mujeres no debían tener un empleo

 “Los periódicos decían que las mujeres estaban quitándoles el trabajo a los hombres. Se pedían leyes nuevas que prohibiesen a las mujeres casadas tener profesiones u oficios”. Así lo documenta la escritora noruega Marianne Fredriksson en su novela ‘Las hijas de Hanna’. En aquellos tiempos las mujeres españolas empezaban a liberarse del yugo marital gracias a la obtención de un empleo por precario que fuera. Pero la Santa Madre Iglesia no podía permitirlo.

Pista libre para humillar al sexo femenino

  Crecíamos y nos creíamos con pista libre para humillar y ofender al sexo femenino sin carga de conciencia. Todos los hombres, salvo honrosas excepciones, participaban de esta caza a la dignidad de la mujer bendecida por las sacrosantas instituciones. Hasta los discursos del Papa Juan XIII de los años sesenta daban la razón a los hombres y obligaban a regresar al hogar a las mujeres que habían conseguido un trabajo que las haría libres e independientes.

“Las necesidades económicas obligan, con frecuencia, a la mujer a prestar su colaboración fuera de las paredes del hogar. No hay quien no vea que esta dispersión de energías, esta ausencia prolongada del hogar, ponen a la mujer en condiciones de no poder cumplir debidamente sus deberes de esposa y de madre. De aquí resulta un debilitamiento de los lazos familiares, y el hogar deja de ser el nido acogedor, caliente, tranquilizador, donde cada uno repone su propia vida en la llama de los afectos. Precisamente para llevar de nuevo a la esposa y madre a su propia función en el hogar doméstico, hemos dirigido nuestras solicitudes en favor de un salario suficiente para el sostenimiento del trabajador y de su familia”.

Palabras del papa Juan XIII en Sobre la mujer y la vida social.

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