“Los periódicos decían que las mujeres estaban quitándoles el trabajo a los hombres. Se pedían leyes nuevas que prohibiesen a las mujeres casadas tener profesiones u oficios”. Así lo documenta la escritora noruega Marianne Fredriksson en su novela ‘Las hijas de Hanna’. En aquellos tiempos las mujeres españolas empezaban a liberarse del yugo marital gracias a la obtención de un empleo por precario que fuera. Pero la Santa Madre Iglesia no podía permitirlo.
Pista libre para humillar al sexo femenino Crecíamos y nos creíamos con
pista libre para humillar y ofender al sexo femenino sin carga de conciencia.
Todos los hombres, salvo honrosas excepciones, participaban de esta caza a la
dignidad de la mujer bendecida por las sacrosantas instituciones. Hasta los
discursos del Papa Juan XIII de los años sesenta daban la razón a los hombres y
obligaban a regresar al hogar a las mujeres que habían conseguido un trabajo
que las haría libres e independientes.
“Las
necesidades económicas obligan, con frecuencia, a la mujer a prestar su
colaboración fuera de las paredes del hogar. No hay quien no vea que esta
dispersión de energías, esta ausencia prolongada del hogar, ponen a la mujer en
condiciones de no poder cumplir debidamente sus deberes de esposa y de madre.
De aquí resulta un debilitamiento de los lazos familiares, y el hogar deja de
ser el nido acogedor, caliente, tranquilizador, donde cada uno repone su propia
vida en la llama de los afectos. Precisamente para llevar de nuevo a la esposa
y madre a su propia función en el hogar doméstico, hemos dirigido nuestras
solicitudes en favor de un salario suficiente para el sostenimiento del
trabajador y de su familia”.
Palabras del papa Juan XIII en Sobre la mujer y la vida social.

No hay comentarios:
Publicar un comentario