jueves, 29 de abril de 2010

La magnitud de la tragedia

En fila por las carreteras de España los 4.612.700 de parados contabilizados el pasado 27 de abril por el INE (Instituto Nacional de Estadística) se verían obligados a traspasar las fronteras y ocupar Francia y Portugal. Si les regaláramos una entrada llenarían los campos de fútbol de todas las provincias españolas (de primera, segunda, tercera división y los de barrio), todas las plazas de toros (de grandes ciudades y pueblos), cines y teatros. Cuatro millones y medio de parados ocuparían la mitad de Andalucía, las dos terceras partes de las ciudades más pobladas de España, Madrid o Barcelona, incluso la suma de comunidades autónomas como Castilla y León y Murcia o País Vasco y Canarias.

miércoles, 28 de abril de 2010

Un despido improcedente

Cualquier motivo es válido para el despido. El jefe siempre tiene razón aunque esté equivocado. Así queda demostrado en el siguiente fragmento:

“En el año 1795 un astrónomo que trabajaba como ayudante en el laboratorio de Greenwich perdió su empleo al descubrir su superior que los tiempos de paso por el meridiano que marcaba él mismo llevaban sistemáticamente 0,5 segundos de adelanto sobre los de su ayudante. Por supuesto, el superior supuso que los suyos eran correctos y erróneos los del ayudante”.
Historia de la Psicología, Thomas Hardy

martes, 27 de abril de 2010

Las canas del desencanto

Hoy los periódicos cuentan que hay más de un millón de españoles de 45 años en paro. Como es habitual dan un perfil simple y anodino. No entran al trapo de la realidad. Otros sí lo hacen. Lean estas reflexiones:

 “No te sientas culpable. ¡Permanece en pie!”, es el consejo que ofrece Jean-Louis Cianni, ex parado, autor de ‘La filosofía, un remedio contra el paro’. Pero transitar este camino lleno de espinas no es fácil. Y así lo reconoce. “Primero sientes que eres un muerto social: ya no eres nada para nadie, y acabas por no serlo ni para ti mismo. Y de ahí derivan una serie de males conductuales, psíquicos y hasta físicos”, rememora. A los 49 años se encontró sin trabajo, con tres hijos, esposa con empleo a tiempo parcial y quince años de hipoteca por pagar. Era su primera vez en dique seco. Todos los males fueron aflorando: achaques físicos, frustración, depresión, soledad... Jean-Louis recuerda esas horas desesperantes como una experiencia que lo paralizó como si un escorpión le hubiera clavado el aguijón mortal. “Me hundo en mi sillón y me entrego a mi inactividad”. Excluido de la sociedad le invadió el sentimiento de no ser nada.


Se ve protagonista de un drama que los demás ignoran, una postura que agrava todavía más su aislamiento. Expulsado de un cargo en el que se sentía útil, se enfrenta al espejo y tiene la sensación de no servir para nada y para nadie. Siempre a la defensiva y con los nervios a flor de piel, la culpabilidad se va acentuando.

“El parado sufre mucho, se convierte en un naufrago cuando no encuentra apoyo emocional y social en los demás y estamos obligados a prestarle ayuda”, sostiene el psiquiatra Alonso-Fernández. Aunque la pérdida de la autoestima y la depresión acosan al parado este tiene que dejar de lamentarse y echar balones fuera. Expertos y manuales de autoayuda (no todos son frívolos y superficiales) coinciden en que la fe en uno mismo y en sus posibilidades es lo primero con que tiene que contar un parado. Cada cual debe escoger en qué se apoya para dar el salto.

lunes, 26 de abril de 2010

Golpear mortalmente la autoestima

“...¡Dios sabe –pensé- si todo esto me servirá para buscar una colocación! Estas múltiples repulsas, estas vagas promesas, estos “no” secos, estas esperanzas tan pronto nacidas como desvanecidas, estas nuevas tentativas que a cada instante se convertían en nada, habían consumido mi animosidad...”

Hambre/Knut Hamsun


200 veces no. Lo mismo da que fueran dos negativas. Golpear la autoestima del desempleado se ha convertido en un deporte nacional. Vicky Harrison (hoy noticia volátil en los diarios y pasto de la prensa amarillista) dejó una nota: "No quiero seguir siendo yo misma". Que triste mirarse al espejo y repudiarse. Hasta llegar al umbral del suicidio el desempleado recorre un dramático itinerario. El parado se desdobla entre el que era (aparentemente feliz cuando tenía empleo) y el que es (infeliz). Expulsado del mercado de trabajo deja de ser quien es (se convierte en un no trabajador). La autoestima es la gran pérdida. Transitar este camino no es fácil.
   El trabajo suele ser la fuente de casi todas las relaciones, incluida la amistad. El nuevo parado se castiga duramente: me he fallado a mi mismo. Al principio no le resulta fácil eludir las relaciones de familia (el hogar puede convertirse en un infierno), ni ausentarse a las citas con los amigos de toda la vida (aunque piense no me quieren a su lado, soy un apestado) ni cumplir ciertas convenciones sociales. Pero finalmente, desanimado, termina por volatilizarse de su entorno habitual. Derrotado anímicamente opta por marginarse y recluirse. Termina por convertirse en el ‘parado invisible’

Se suicida tras ser rechazada en 200 solicitudes de trabajo

Una joven británica de 21 años de edad se ha suicidado después de que la rechazaran en más de 200 solicitudes de trabajo. Vicky Harrison había soñado con una carrera como maestra o productora de televisión, pero perdió la esperanza de cumplir sus sueños, aseguró su familia. Un día después de su último rechazo, dejó escritas unas desgarradoras cartas a sus padres y a su novio, diciendo: "no quiero ser yo más", tras lo cual tomó una sobredosis de pastillas. Su muerte el mes pasado puso de relieve, según publica el Daily Mail, «el costo humano del más alto nivel de desempleo desde mediados de la década de 1990». (Recogido por ABC/25/04/10 a las 23:09).

Ahora hay que ahondar en las razones para que llevara a cabo tan trágica acción e incidir de nuevo en los presuntos trastornos mentales que, de entrada, se achacan siempre a quien decide acabar con su vida.

domingo, 25 de abril de 2010

Movilizaciones en la Red


En Grecia la muerte de un joven de dieciséis años por disparos de la policía (6.12.08) hizo reaccionar a la juventud. El mundo se enteró de la frágil situación del país heleno: sueldos menos que mileuristas, y sin horizonte laboral. La difusión de la revuelta griega a través de Europa contó con una correa de transmisión excepcional: Internet.
“O nos levantamos, o nos comerán a nosotros y a nuestros hijos. Es hora de imitar a Grecia”, alientan jóvenes españoles en la Red. En los foros, refugiados en el anonimato, se insulta a altos cargos del Gobierno, se vierten consignas criminales y muchos desencantados dan rienda suelta a sus instintos más bajos.
En Internet se registra en directo el gran estallido del descontento. La Red permite coordinarse entre sí, establecer conexiones entre diversos territorios y planificar actuaciones conjuntas.
Conscientes de la gravedad de la situación desde el Ministerio del Interior se rastrean los foros y se mantiene bajo vigilancia a los líderes antisistema.

El paro mata (y 3)

Durante la depresión del 29 en los Estados Unidos, los ricos se arrojaban desde las azoteas, la clase media se suicidaba mediante la soga o el gas, los pobres se consumían lentamente de inanición. Setenta años después hay ciudadanos que eligen poner fin a su vida al perder el puesto de trabajo. Un estudio referido a varios países, publicado en el verano de 2009 en la versión digital de la revista The Lancet, revela como la crisis económica provoca un aumento del número de suicidios. Según David Stuckler, de la universidad inglesa de Oxford, y Martin McKee, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, el paro es una de las causas principales del incremento de esas muertes, por lo que es clave poner en marcha programas de formación y reinserción laboral que ayuden a mitigar los efectos adversos. Ambos revelan cómo las diferentes crisis económicas sucedidas en las últimas tres décadas han afectado a la mortalidad en 26 países de la Unión Europea (UE).
Aunque no puede ligar certeramente causa y efecto el estudio difundido por The Lancet apoya la tesis de que las dificultades económicas, y en particular el paro, guardan una relación directa con el incremento de los suicidios. Por cada 1% de aumento del desempleo en los países analizados, ascendían un 0,8% los suicidios entre menores de 65 años. Las reacciones a la pérdida del empleo variaban según las poblaciones, y estaban muy ligadas a los sistemas de protección social. Tal es así que en los países de Europa Central y del Este, donde hay menos ayudas contra el paro, la población está más expuesta a problemas de salud cuando el desempleo aumenta drásticamente.

Estados Unidos sufrió una fuerte epidemia de paro a comienzos de la década de los ochenta para la que el país no estaba preparado y sus consecuencias fueron dramáticas: por cada 1% que aumentaba la tasa de desempleo se producían 60.000 muertes prematuras, 6.000 ingresos en centros psiquiátricos y 2.000 suicidios. Un estudio firmado por investigadores de la Universidad de Tecnología de Berlín (Alemania), presentado en Bruselas por miembros del Parlamento Europeo, indica que los países con más tasa de paro son los que presentan una mayor tasa de mortalidad. En esta negra estadística hay un dato escandaloso: en Japón un parado se suicidó cada 15 minutos entre marzo y mayo de 2009 debido a la pérdida de empleo, según el rigor habitual con que informa El Mundo. Un mero ejercicio de cálculo arrojaría 8.640 suicidios en el trimestre citado.

(Espero que estas tres informaciones empiecen a concienciar sobre un problema oculto por los Medios de Comunicación en España)